Una ruta por recorrer entre la violencia y la paz

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Texto por Valeria Buitrago López

Lo que se vuelve común: el territorio

Sol Johana nació hace 37 años en San Vicente del Caguán, un municipio ubicado al norte de Caquetá, rodeado por los ríos Yarí y Caguán. Sus características geográficas hacen que su economía se base, principalmente, en la ganadería. Esto ha provocado que en la zona exista una fuerte presencia de grupos guerrilleros y una marcada violencia en contra de sus habitantes, que en reiteradas ocasiones se han visto obligados a salir de allí. Entre los años 1985 y 2019 se presentaron cerca de 752.964 víctimas de desplazamiento forzado.

Sol recuerda su infancia como un tiempo difícil, lleno de trabajo pesado en el campo. “Cuándo le decía a mi papá que tenía hambre, me respondía: ‘pregunte por trabajo, no pregunte por comida’”. Solamente le permitieron estudiar hasta quinto de primaria, a pesar de que desde niña mostró un enorme gusto por aprender. Cuando sus tres hermanos se fueron de la casa, quedó sola y se vio tentada a

nirse a la guerrilla. Lo contempló como un nuevo camino, como la oportunidad de tener una vida mejor. “Eso es lo más común allá. Ver niños de 14 años uniéndose a la guerrilla. No se hace por ideologías o ambición, sino como una salida a los problemas”. Finalmente, decidió no hacerlo, pues un camarada le dijo cuál era la realidad para los novatos: primeros en la fila de combate…carne de cañón… “a nadie le dueles”. Decidió entonces la vida civil en una zona permeada por el conflicto armado, la eterna lucha del ejército con la guerrilla mientras la población civil suma las víctimas. Esta decisión, sin saberlo, sería el origen de su desplazamiento, años después.

Mario Hernán López Becerra, doctor en temas de Conflicto, Paz y Democracia, asevera que “el territorio no es solo un lugar geográfico o un espacio físico. Es un entramado social, cultural, ambiental y político. Cuando alguien se va por motivos de fuerza mayor, se dan unas fracturas internas que rompen y afectan la parte emocional y física de la persona”.

Ausencias y memorias

“De todo, sentí de todo. No lo puedo ni describir”, expresa Sol Johana sobre lo que recuerda apenas colgó la llamada. Ya era demasiado tarde y no había transporte para salir del sector. Tampoco pensaba en huir por el monte ya que no conocía bien el territorio y era más peligroso para ella y sus hijos. Se quedó pasmada y comenzó a orar. Pasaron la una, las dos, las tres de la mañana; a las cuatro de la madrugada aún seguía orando, pero se sentía más tranquila. La muerte no la había visitado esa noche, pero tenía la certeza que allí no podría quedarse ni dejar tampoco a sus tres hijos. La adrenalina recorría su cuerpo.

¿Pero qué la llevó a encontrarse en semejante situación? De su primer matrimonio con un soldado, nacieron dos hijos. Luego de la ruptura, conoció a otro joven con quien haría también vida marital. Nació su tercera hija. Pasado el tiempo, se dio cuenta de que su actual pareja era miembro activo de la guerrilla de las FARC. Fue muy duro para ella, pero se aguantó y guardó silencio. Con engaños, pasaron a vivir a una nueva finca, cuya casa tenía un techo nuevo y algunas paredes con pequeños orificios y manchas de sangre.

No tardó mucho en enterarse de que allí ocurrió la matanza de 16 soldados a manos de la guerrilla. Desde el patio, veía pasar a personas secuestradas, amarradas de manos, a merced del comando que los conducía a la selva. Sus hijos no podían pasar de cierto límite en los campos de la finca, porque podrían ser víctimas de una mina antipersonal, y ella tendría que pagar su muerte. Según la Comisión de la Verdad, 450.664 personas perdieron la vida a causa del conflicto armado entre 1985 y 2018. De las cuales se les atribuye a grupos guerrilleros el 27%, es decir, 122.813 víctimas mortales.

Todo esto marcaba y entristecía más a Sol. Cómo irse de allí, cómo liberarse. La guerrilla no se lo permitiría. Pero lo que rebosó la tasa fue la conversación que tuvo con una vecina de la finca de al lado, quien le confesó estar embarazada de su compañero. Dios sabe que fue la excusa perfecta para pedir permiso, salir de aquella zona.

Y la familia, ¿dónde queda?”

Al otro día se enteró de algo sobre el operativo que inicialmente iba por ella. Se había obviado la orden porque otro crimen cometido llamó más la atención de losagresores. “Asesinaron a un hombre y eso me salvó la vida. Fue Dios”, menciona. Sin embargo, el peligro todavía no pasaba. Había ganado unas horas más de vida.

William Gaviria Gutiérrez, docente investigador en Psicología Social Comunitaria, explica que “la identidad está profundamente permeada por las lógicas de crianza, por las formas en las cuales interactuamos en la familia. Este es el primer escenario, el primer nicho donde la identidad se va construyendo y definiendo. Al reconocer la identidad como un proceso de construcción, entendemos entonces que es algo inacabado. Se va a transformar en la medida en que las experiencias que tenemos en nuestra cotidianidad y el cómo las entendemos racional y emocionalmente van a hacer que nuestro proceso identitario se vaya formando”.

Una nueva vida, por otra dejada atrás

Esa madrugada en medio de la oscuridad, Sol Johana levanta a sus tres hijos, guarda rápidamente algunas prendas en una pequeña maleta, se cubre el rostro con una tela y espera que pase el primer ‘mixto’ (como nombran a las chivas en Caquetá). A las 4:00 a.m. pasó la primera, se subió y sentó a sus hijos en el suelo. Después de un rato llegó a Florencia y de allí cogió otro bus para Neiva. Sabía que no podía llegar a la terminal de esta ciudad porque allí la podrían estar esperando, así que cogió un bus que ya iba en camino a Ibagué. De allí viajó a Armenia, luego a Pereira y, finalmente, a altas horas de la noche, llegó a Manizales. “Yo decidí quedarme acá en primer lugar porque ya no tenía más dinero, pero también porque Manizales es un lugar que no se menciona por allá, es como inexistente… Si pudiera escoger, me hubiera encantado Barranquilla”, dice.

Una vez en Manizales, estaba segura de que una nueva vida iniciaría, tenía un camino nuevo y expectante por caminar. Quizás en esta nueva ciudad, podría sentir un poco más de libertad, pero la angustia y el temor no cesaron. A los dos días de su llegada, se dirigió a la alcaldía y con miedo y mucha desconfianza narró su situación, su historia. De allí la remitieron a la Unidad Nacional de Protección, donde le explicaron cómo serían sus dinámicas de vida. Le asignaron su nueva identidad, su nuevo yo.

Una nueva mirada

Desde un nuevo comenzar se da cuenta que puede realizar sus sueños y cumplir lo que antes no era posible. Y el primero de ellos, después de trabajar, era estudiar. Buscó una institución y logró graduarse con honores del bachillerato en el 2020. Con ese ‘cartón’ en una mano, sentía que en la otra tenía las puertas abiertas para seguir avanzando en el camino con paso firme y hacia un futuro que parecía sonreírle. Ahora su identidad, desde el sentido más amplio del término, había cambiado para siempre.

Cuando hace una pausa y recuerda todo lo que dejó atrás, sentimientos tanto buenos como malos la invaden. No puede evitar sentir nostalgia. Pero ahora tiene claro que cambió la angustia y el temor por paz, confianza y seguridad. Los miedos que antes la atormentaban han desaparecido lentamente. Las motos, la oscuridad, escuchar a grupos de personas reírse son temores que ha apagado en su cabeza. Su vida pasada y las experienciasnegativas son solo un recuerdo que se desvanece en su día a día.

“Caquetá es una tierra linda, hermosa. Ver ese paisaje, el ganado, los animales, todo. Es un lugar espectacular de Colom

Una nueva mirada

Desde un nuevo comenzar se da cuenta que puede realizar sus sueños y cumplir lo que antes no era posible. Y el primero de ellos, después de trabajar, era estudiar. Buscó una institución y logró graduarse con honores del bachillerato en el 2020. Con ese ‘cartón’ en una mano, sentía que en la otra tenía las puertas abiertas para seguir avanzando en el camino con paso firme y hacia un futuro que parecía sonreírle. Ahora su identidad, desde el sentido más amplio del término, había cambiado para siempre.

Cuando hace una pausa y recuerda todo lo que dejó atrás, sentimientos tanto buenos como malos la invaden. No puede evitar sentir nostalgia. Pero ahora tiene claro que cambió la angustia y el temor por paz, confianza y seguridad. Los miedos que antes la atormentaban han desaparecido lentamente. Las motos, la oscuridad, escuchar a grupos de personas reírse son temores que ha apagado en su cabeza. Su vida pasada y las experienciasnegativas son solo un recuerdo que se desvanece en su día a día.

“Caquetá es una tierra linda, hermosa. Ver ese paisaje, el ganado, los animales, todo. Es un lugar espectacular de Colombia. Yo nunca hablaré mal de mi tierra, pero ver tanta violencia duele”, comenta sobre aquel lugar que la vio nacer y que casi la ve morir. Aquel lugar donde, según le cuentan, aún se oyen rumores sobre su ausencia.

bia. Yo nunca hablaré mal de mi tierra, pero ver tanta violencia duele”, comenta sobre aquel lugar que la vio nacer y que casi la ve morir. Aquel lugar donde, según le cuentan, aún se oyen rumores sobre su ausencia.

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