La placenta: el árbol de la vida medicinal

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Texto y foto por Valentina Ossa

En batido, cápsulas o tinte madre, la placenta se ha convertido en un órgano que se consume posterior al parto. Se le conoce es placentofagia. La ingieren con la idea de obtener beneficios o incluso para darle reconocimiento a lo que se encargó de ser el puente de nutrición y el manto de protección del bebé durante el embarazo.

La placenta es fundamental para que el feto reciba los nutrientes necesarios, produce hormonas y compuestos para que se dé el óptimo desarrollo. Por lo menos así lo indica la ginecobstetra Leidy Diana Henao Navarro. Allí se da inicio a la existencia. Este es el único órgano que se genera únicamente en el momento en el que una mujer va a ser madre.

Cuándo se pone sobre una superficie, es redonda y el cordón umbilical y los vasos coriónicos, unas ramificaciones que se presentan de forma repetida y que tienen como función principal transportar sangre, nutrientes, oxígeno y desechos entre el feto y la madre, asemejan la forma de un árbol. El cordón hace de tronco y los vasos se ven como ramas: el árbol de la vida

Primer trimestre

La placenta produce la progesterona necesaria para la adecuada fijación del embarazo. Se encuentra adherida a la pared del útero y absorbe nutrientes de la sangre. El cordón umbilical conecta el abdomen del feto a la placenta, según Planned Parenthood. Algunos comprenden el consumo de la placenta como un proceso natural de los mamíferos.

En el medio Hipertextual se menciona que ellos la comen para evitar el fuerte olor y cuidar a sus crías de depredadores. Además por que es posible que después del parto las madres tengan carencias nutricionales que intentan mitigar con su consumo. “Se sabe que en algunas culturas, especialmente en el pasado, se enterraba, quizás para evitar esos peligros de los que huyen otros animales, pero nunca se comía”, escribe el medio.

La placentofagia es un fenómeno relativamente moderno y crece desde 1970. En un estudio realizado en 2018 se analizaron un conjunto de datos de registros médicos de nacimientos fuera de hospitales en Estados Unidos. Se encontró que de los 23.242 nacimientos, el 30,8 % de las madres consumieron su placenta.

Esta decisión se basaba en la esperanza que tenían de recibir los beneficios ofrecidos por el órgano después de consumirla, se comenta en el artículo Birth, attitudes and placentophagy: a thematic discourse analysis of discussions on UK parenting forums.

Segundo trimestre

Para Stanford Medicine, “la placenta está completamente desarrollada”. Además, hace la función de filtro de oxitocinas, debido a que ni los riñones ni el hígado del feto cumplen totalmente su tarea, menciona Leidy Henao. María Paula Caporto es doula, acompaña a las mujeres antes, durante y después de la gestación. Tiene cabellos locos y tez blanca y comenta con su acento argentino que la placenta se puede consumir según la comodidad de la madre.

“Tiene un montón de nutrientes, hormonas y también minerales como el hierro que ayuda a la recuperación inmediata del

posparto”. Además, indica que también contribuye a que el útero vuelva rápidamente a su tamaño, evita hemorragias, apoya con la producción de leche y también se pueden hacer curitas para tratar heridas no sangrantes. Por otra parte, la ingesta hace que el descenso hormonal “sea más paulatino, amoroso, llevadero y amigable”, relata.

Aunque según Alicia Damiano, investigadora del Conicet en el Laboratorio de Biología de la Reproducción del Instituto de Fisiología, a pesar de los diferentes favores que se plantean del consumo de placenta, no hay ningún estudio disponible en el que se presente algún beneficio relacionado con la placentofagia, así se lo aseguró a Infobae.

Carla Troncoso es mamá de tres. Sus dos últimos partos fueron naturales y tomó la decisión de consumir la placenta porque leyó sobre los beneficios posparto que ofrecía. A Carla le repugnaba tomar un licuado, así que su doula le preparó cápsulas, tintura madre, una pomada y curitas. Actualmente, emplea la tintura madre cuando está por menstruar o tiene días anímicamente complicados, también la usa en sus hijos cuando les están creciendo los dientes. La pomada la usa en raspaduras. En su casa la llaman la crema mágica. “Realmente me ha dado más resultado que quizás una crema comprada en una farmacia”.

Una madre, una placenta, un momento salvaje

Juliana Restrepo Urrego tiene unos mechones de canas que muestran la naturalidad con la que vive su vida. Mientras comenta que comió la placenta de su hijo en 2013, deja ver una blanca sonrisa. Ingirió un trozo en un batido con fresas y otra parte la guardó en su congelador durante un año para luego cultivarla en una montaña. “Era muy poca placenta la que consumí, entonces en realidad me sabía más al batido. Era rosado. Durante todo ese ritual yo disfruté la placenta, visto desde la nutrición y la gratitud y todo lo que esa placenta hizo por el crecimiento del bebé”.

Después de que la consumió se sentía tranquila, se recompuso fácilmente, considera que la ingesta de placenta tuvo que ver con ello. “Fue una experiencia muy linda y al final los mamíferos se comen la placenta y pueden estar totalmente vitales, entonces lo viví muy salvaje”.

Tercer trimestre

Según el medio Redacción Médica, la placenta crece hasta pesar unos 500 gramos. Aún debe nutrir, oxigenar y eliminar desechos. Continúa haciendo de filtro de oxitocinas hasta finalizar el embarazo.

Cuando Caporto acompaña a una madre que desea consumir la placenta tiene un diálogo extenso con la mujer, con el fin de saber si padeció alguna patología durante la gestación osirequirió medicación. Además, explica que en los partos medicalizados no se recomienda su consumo. Otra excepción es si se presenta meconio, ya que queda contaminada, pero sí se puede sembrar.

El Tiempo comenta que la placentofagia se considera una práctica medicinal alternativa riesgosa, pues no hay normas que controlen la calidad e higiene en el proceso de preparación y consumo, lo que hace que se convierta en una actividad propensa a presentar enfermedades infecciosas.

Aunque hay movimientos que poco a poco han naturalizado este consumo, todavía la ciencia no ha demostrado ni sus beneficios y si existen riesgos. Mientras tanto, muchas madres deciden hacerlo sin pensarlo dos veces… la conexión con su yo interior y su hijo, en ocasiones, es más fuerte que los datos.

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