Las mujeres periodistas viven a diario el acoso sexual en sus trabajos 

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Texto y fotos por: Laura Sofía Ocampo Serna

Con una banda llena de insignias que atraviesan su pecho, un delantal blanco y un bigote que resalta su rostro, se acerca un hombre de contextura gruesa y un metro con 58 centímetros de estatura, hacia la mesa donde almorzamos. Quedé de entrevistarlo, pero antes de entrar en materia nos pregunta si estaba rica la comida y si sabemos cuáles son los mejores lugares de la ciudad para salir a festejar, pero con la condición de que lo acompañemos.

Nos reímos, le agradecemos por la invitación y le mencionamos que nos gusta salir a rumbear. Insiste y lo interrumpo para que me dé la entrevista. “Ustedes son muy insistentes con eso de las en- trevistas y, si se les hablo ya, mañana no vendrán por aca. No las podré ver”. Por su acento me percato de que no es de Manizales.

A mi compañera le llega una notificación al celular. Su fondo de pantalla se ilumina y es una foto de ella en vestido de baño. Él la ve y le exige ver la imagen. Nos sorprendemos y la respuesta inmediatamente es un no rotundo; aún así sigue insistiendo, por lo que todas guardamos los celulares. Le pregunto nuevamente sobre la entrevista y me condiciona a que después debo enviarle el trabajo, pero con fotos mías y de mis amigas.

El acoso sexual se puede presentar de diferentes maneras. Está el chantaje, que es cuando se condiciona a la víctima con beneficios ya sean laborales o económicos para que acceda a los comportamientos sexuales. O a través del ambiente laboral hostil, donde se presentan situaciones de humillación o intimidación de la víctima. “Es ilegal acosar a una persona (empleado o solicitante de empleo) por el sexo de esa persona. El acoso puede incluir avances sexuales indeseados, solicitudes de favores sexuales y otro tipo de acoso verbal o físico de naturaleza sexual”, señala la Comisión para la Igualdad de Oportunidades en el Empleo.

Coquetería o acoso

El hombre de la banda con insignias por fín nos da la entrevista, pero su actitud ya es muy diferente. Parece obligado y displicente al contarnos su receta. Al finalizar llega uno de sus compañeros de trabajo y, al presentarnos, se refiere a nosotras como ‘los ángeles de Charlie’. Saludamos. Ellos hablan y les traen un trago; parece que es ron por el color. Pasa el tiempo y sus cachetes se empiezan a enrojecer, pero no nos abandona hasta que llega una mujer mayor de peinado corto y algunas arrugas en su rostro. El entrevistado se debe ir y, para despedirse, nos da un beso en la mejilla a cada una y nos abraza: sus manos van a nuestro torso superior, llegando casi a nuestros senos.

En los debates feministas que se presentan en redes sociales y páginas web, la mayoría de las participantes aseguran que el acoso sexual es cuando algún individuo empieza invadir el espacio personal o íntimo de la víctima en constantes situaciones. Sin embargo, la psicóloga Camila Salazar señala que todo parte según la personalidad del sujeto y lo que entiende por seducción. “Algunas acciones, como mandar un regalo hasta la casa, puede ser coquetería, pero para otros acoso porque consiguió la dirección sin su consentimiento”, afirma.

Es importante identificar este tipo de comportamientos para poner límites contra el acosador. El primer paso es frenar los comentarios o humillaciones de tipo sexual, tampoco acceder a propuestas o invitaciones.

El segundo es denunciar frente a las autoridades competentes. La Ley 1257 de 2008 establece que a las víctimas se les debe garantizar la confidencialidad para minimizar posibles daños psicológicos, físicos, sexuales y patrimoniales. Además, actualmente cursa en el Congreso el Proyecto de Ley 330 de 2022, que busca reglamentar “el derecho fundamental a una vida libre de violencias dentro del contexto laboral y profesional, se adoptan medidas de prevención, protección, sanción y reparación del acoso sexual y otras formas de violencia y se dictan otras disposiciones”.

El Instituto Colombiano de Bienestar Familiar tiene una línea de atención especializada en la atención y prevención sobre la violencia sexual. Esta es gratuita, confidencial y cuenta con atención profesional. Además, está disponible las 24 horas del día en cualquier parte del territorio nacional para cuando necesite llamar: 018000112440.

Casos en anonimato

El acoso sexual en el periodismo es más frecuente de lo que se cree. Nada más escribir esta frase en el buscador de Google arroja cerca de 1.870.000 resultados. De esos, 849.000 son en Colombia y, según Google Trends la frase ‘acoso sexual’ es más buscada en regiones como Boyaca, Nariño y Cauca.

El informe Periodistas sin acoso: violencia machista contra periodistas y comunicadoras en Colombia, realizado por la Red Colombiana de Periodistas con Visión de Género – RCPVG y la Fundación Karisma, indica que el 67% de las mujeres periodistas han sido víctimas de acoso sexual. También que el 73% de las comunicadoras han padecido episodios de violencia psicológica mientras ejercen su profesión.

Por su parte, el Informe de violencia de género en contra de las mujeres periodistas en Colombia reporta que el 59,9% ha sido víctima de violencia de género y el 79,3% identificaron que el actor perpetrador eran personas con un cargo superior. Además, el 77,9% afirmaron que conocen situaciones de violencia de género en contra de alguna de sus colegas.

Los casos se dan en las empresas, ya sean por parte de los directivos o compañeros de trabajo sin ningún nivel jerárquico. También se presentan con las fuentes quienes, en su abuso de poder con la información que van a brindar, aprovechan para manosear, solicitar o enviar fotografías, hacer invitaciones y hablar con referencias sexuales. “Esta violencia normalizada desencadena en silencio y, cuando esto ocurre, se deja de escuchar una voz y se pierde la pluralidad y la diversidad. Estamos acallando una expresión, en este caso el de las mujeres periodistas y, si esto ocurre, se está acallando la democracia”, indicó Fabiola CalvoOcampo, investigadora y fundadora de la RCPVG.

Algunas periodistas en formación y otras con una experiencia de varios años en los medios de comunicación hablaron de situaciones de acoso sexual que vivieron o presenciaron durante su carrera. Sus testimonios, sin embargo, quieren mantenerlos en silencio, pues como afirma la investigadora de la Fundación Karisma, Amalia Toledo, el acoso sea directo o mediado por las tecnologías “tiene efectos muy perjudiciales para las mujeres que los enfrentan casi que en total soledad y silencio”.

Activistas contra el acoso laboral aseguran que no debería existir una diferencia entre seducción y acoso sexual en el trabajo. Si las conductas empiezan a cambiar y son constantes después de recibir un ‘no’ de la víctima, pasa a ser un ambiente hostil. Situaciones que, como concluye el informe de la RCPVG y la Fundación Karisma, derivan en consecuencias que van desde la autocensura hasta afectaciones en la salud física y emocional, “que en muchos casos terminan apartándolas del oficio o perjudicando sus prácticas profesionales”.

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