Diecisiete años después del Macroproyecto, el deporte colectivo en San José es apenas un recuerdo.

La Comuna San José perdió más que infraestructura cuando el Macroproyecto demolió sus escuelas. Perdió los espacios donde los barrios se encontraban, los deportes que los diferenciaban y el tejido social que se construía semana a semana alrededor de una cancha. Hoy, sin programas institucionales, con las pocas canchas que quedan en manos de particulares y con un solo escenario formal abandonado por el municipio, lo que queda del deporte en la comuna es, según sus propios líderes, apenas un cinco por ciento de lo que alguna vez fue.
Realizado por Isabela Rivas y María Paula Giraldo
Antes de que el Macroproyecto arrasara con las escuelas de la Comuna San José, cada institución educativa tenía su propia cancha de baloncesto, voleibol y fútbol. Con la demolición de siete colegios desaparecieron también los únicos espacios donde los barrios se encontraban alrededor del deporte. Lo que quedó no fue solo una crisis de infraestructura, sino el lento desmoronamiento de una identidad colectiva construida durante décadas alrededor de la actividad física y la competencia entre vecinos.
Deportes
Hoy, en la comuna se practica casi exclusivamente fútbol. El voleibol, el baloncesto y el ciclismo sobreviven de manera mínima y sin ningún respaldo institucional. “Acá todo se canalizó fútbol, fútbol, fútbol. Pero una verdadera estructura deportiva le trabaja a muchos deportes a la vez, porque no a todo el mundo le gusta el fútbol. El que no le gusta y ve que solo hay escuela de fútbol se siente excluido”, señala Omar Rodríguez, líder comunitario con más de 40 años en el territorio. Rodríguez recuerda que él mismo fue instructor de baloncesto durante años en el sector, que tuvo equipos y que competían. Hoy eso es historia.
La concentración en un solo deporte no es casual. Es la consecuencia directa de la destrucción sistemática de la infraestructura deportiva. El fútbol requiere menos: una pelota, un espacio plano y voluntad. El baloncesto necesita aros y tableros. El voleibol, una malla. El ciclismo, rutas y espacios seguros. Nada de eso existe hoy en la comuna de manera formal. Lo que alguna vez fue una oferta deportiva diversa, anclada en las canchas de siete escuelas destruidas, se redujo a lo mínimo posible.
Fernando Torres, gestor deportivo de la Secretaría del Deporte asignado a la comuna, lo vive en carne propia. Trabaja con grupos de niños en distintos sectores de San José los martes, miércoles, jueves y viernes, pero no tiene dónde llevarlos de manera digna. “Él sufre porque no tiene un espacio”, confirma José Edgar Murillo Cruz, líder comunal de La Avanzada. Torres llega, arma sus grupos, improvisa y sigue adelante con lo que encuentra.
Fue precisamente la comunidad de La Avanzada la que, ante el abandono institucional, tomó cartas en el asunto sin esperar a nadie. “Nosotros conseguimos unas canchas y nosotros mismos las anclamos, llevamos los arcos y los anclamos. Ahí se entretienen los muchachos porque no tenemos espacios deportivos”, cuenta Murillo Cruz. No es una solución, es una resistencia. La misma que lleva 17 años sosteniéndose sobre la voluntad de quienes se niegan a que el deporte desaparezca del todo.
Torneos

El único evento que llegó a reunir a toda la comuna en torno al deporte fue un torneo organizado en 2012 dentro de un programa de mitigación social. Se uniformaron los equipos de cada junta de acción comunal, hubo competencia entre barrios y, por un momento, la comuna volvió a verse unida alrededor de una cancha. Desde entonces, nada parecido ha vuelto a ocurrir. Ese torneo, además, fue exclusivamente de fútbol. Los demás deportes, una vez más, quedaron por fuera.
La consecuencia más silenciosa de esta crisis no es la falta de canchas, sino el talento que se pierde sin que nadie lo vea. En la comuna han surgido futbolistas que llegaron al fútbol profesional colombiano, como Ramiro Sánchez, portero del Cúcuta Deportivo, quien creció a dos cuadras del Polideportivo San José. Pero esos casos fueron posibles cuando había estructura y organización. Cuando ese apoyo desapareció, se fueron también los niños. Algunos hacia el estudio y el trabajo. Otros, hacia el vicio y la violencia.
Nadie sabe hoy quién en la comuna tiene potencial para el baloncesto, el ciclismo o el voleibol. Esas disciplinas no tienen escuelas, no tienen programas, no tienen infraestructura. Son deportes que están desapareciendo sin que nadie los rescate. “Seguramente están perdiendo muchas habilidades propias del territorio, porque no hay una institucionalidad que los mire como ciudadanos con los mismos derechos de cualquier otro”, dice Rodríguez. Su diagnóstico no deja espacio para la ambigüedad: si le pidieran calificar el estado del deporte en la comuna de uno a cien, pondría un cinco.

