Por: Pablo Tabares Herrera
El mercado despierta
A las siete de la mañana, la Galería de Manizales ya está despierta. A cinco cuadras del centro de la ciudad, el movimiento comienza antes de que muchos comercios abran sus puertas. Los camiones descargan bultos de papa, las carretas avanzan entre las calles y el olor a cebolla, cilantro y frutas se mezcla con el humo de las cocinas del pabellón. Entre gritos de vendedores, motores de camperos y clientes que pasan de un puesto a otro, la plaza mantiene una rutina que lleva años funcionando de la misma manera.
En las calles que rodean los cuatro pabellones de la Galería trabajan cientos de vendedores informales. Algunos llevan décadas allí, otros llegaron hace pocos años. Todos comparten el mismo espacio: andenes, esquinas y vías que durante el día se llenan de carpas y mercancías. Ahora, muchos de ellos hablan de un posible cambio que modificaría la dinámica del sector.

El proyecto de reubicación
La Alcaldía de Manizales e Infimanizales adelantan un proyecto para reorganizar el espacio público de la Galería y reubicar parte de los vendedores informales en un nuevo espacio construido sobre el terminal de Jeeps. Según cifras entregadas por la Alcaldía, actualmente existen 438 puestos informales censados en la zona, aunque el nuevo proyecto tendría capacidad únicamente para 300 vendedores.
Óscar Fernando Pineda Jiménez, inspector de Convivencia y Paz para la Vigilancia y Control del Espacio Público, explica que el proceso se desarrolla a partir de la sentencia 010 de 2019, producto de una acción popular que ordenó la recuperación del espacio público en la plaza de mercado.
“El censo actualizado a enero de 2026 habla de 438 vendedores informales”, señala el inspector. A partir de ese estudio, la Alcaldía comenzó una caracterización socioeconómica para determinar quiénes podrían ingresar al nuevo proyecto y quiénes no cumplirían las condiciones necesarias.
La administración ha evaluado varias alternativas. Una de ellas fue construir un quinto pabellón, aunque el costo del proyecto superaba los 50 mil millones de pesos. También se estudió utilizar la antigua terminal de transporte y otros espacios cercanos al sector. Finalmente, la opción elegida fue levantar un segundo piso sobre el actual terminal de Jeeps, ubicado detrás del pabellón 3.
El temor de perder la clientela
Según Pineda, uno de los aspectos más importantes dentro de la decisión fue el “arraigo” de los vendedores con la Galería. “Si los llevamos a otro sector, se sienten extraños, pierden su entorno, su clientela”, explica. Por eso, el proyecto busca mantenerlos cerca del lugar donde han trabajado durante años.
Varios vendedores informales, que pidieron reserva de su identidad, coinciden en una preocupación: perder la clientela que han construido durante años en la calle.
“Nosotros ya tenemos clientes que saben dónde encontrarnos”, comenta uno de ellos mientras acomoda cajas de frutas cerca de un andén. “Moverse no es tan fácil porque la gente se acostumbra a comprar aquí mismo”.
Otro vendedor recuerda proyectos anteriores que, según dice, no tuvieron los resultados esperados. “Ya ha pasado que hacen lugares nuevos y después eso queda vacío porque la gente no va”, afirma.
El temor más repetido entre quienes trabajan en la calle es que el nuevo espacio no tenga el mismo flujo de compradores. Muchos dependen del tránsito constante de personas que cruzan la Galería durante el día y compran mientras pasan. Además, entre varios vendedores surge otra inquietud: qué ocurrirá con las personas que no alcancen un espacio dentro del nuevo proyecto, teniendo en cuenta que la capacidad anunciada es menor al número total de puestos censados.

La visión de los comerciantes formales
En los pabellones formales, la percepción es diferente.
Justo Pastor, líder de uno de los pabellones de comerciantes formales, considera que la convivencia entre vendedores formales e informales ha sido tranquila pese a las dificultades del sector. “Hay una sana convivencia”, afirma. “Uno no ve aquí problemas o peleas constantes entre ellos”.
Sin embargo, reconoce que la presencia de ventas informales sí influye en el comercio establecido dentro de los pabellones. “Cualquier kilo que se venda afuera se deja de vender adentro”, explica. Según él, los vendedores ubicados sobre la calle tienen una ventaja por el contacto directo con las personas que transitan por el sector.
Pastor cree que la reorganización del espacio podría modificar la dinámica de la Galería. “Va a permitir que la gente venga en mayor cantidad a la plaza”, señala. También considera que la liberación de las vías facilitaría la movilidad y mejoraría aspectos como el parqueo y el acceso a los pabellones.
Para algunos comerciantes formales, el proyecto representa la posibilidad de una plaza más organizada. Para varios vendedores informales, en cambio, todavía existen dudas sobre el funcionamiento real del nuevo lugar.
La selección de los vendedores
La administración municipal sostiene que el proceso no será igual para todos los vendedores. Según explica el inspector Pineda, actualmente un grupo de trabajadores sociales revisa caso por caso para determinar quiénes podrían acceder al nuevo espacio.
“Hay personas mayores que quieren seguir siendo vendedores y hay otras personas más jóvenes que han manifestado interés por estudiar o buscar otras oportunidades laborales”, comenta.
Además de la evaluación socioeconómica, la Alcaldía también revisa situaciones relacionadas con la ocupación del espacio público. Según la inspección, existen casos de personas que habrían arrendado o vendido puestos de manera irregular. En esos escenarios, explica el inspector, podrían perder la posibilidad de ser reubicados.
Otro fenómeno identificado por la administración es el de algunos comerciantes formales que ocupan espacio público frente a sus negocios para evitar que vendedores informales se ubiquen allí. Según Pineda, esas ocupaciones también están siendo investigadas.
Una transformación en proceso
Mientras el proyecto avanza en su etapa de planeación, la vida diaria en la Galería continúa casi igual. Los vendedores siguen instalando sus puestos desde temprano, los clientes recorren los pasillos buscando precios más bajos y los camperos llegan y salen constantemente del terminal.
En medio del ruido y los olores del mercado, el tema de la reubicación aparece en conversaciones breves entre comerciantes y compradores. Algunos creen que el proyecto puede mejorar las condiciones del sector; otros prefieren esperar para saber cómo funcionará realmente.
Por ahora, las estructuras todavía no existen y muchas decisiones siguen en proceso. Lo único claro es que la Galería atraviesa un momento de transformación que involucra a cientos de personas que construyeron su trabajo alrededor de estas calles.
A las siete de la mañana, cuando apenas comienza el movimiento del día, todavía es difícil imaginar cómo cambiará el lugar en los próximos años. Entre bultos de papa, cajas de cebolla y voces que se cruzan entre los pabellones, la Galería sigue funcionando con la misma rutina de siempre, mientras espera una transformación que aún no termina de definirse.
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