Las mujeres hablaron sobre acoso sexual en el ambiente laboral y la falta de presencia en cargos de poder. Datos muestran que la inequidad de género es un problema que hay que denunciar.
Por Isabela Giraldo
La Comisión de la Mujer de la Asamblea de Caldas reconoció a mujeres líderes del Departamento. En conmemoración al Día de la Mujer, el 7 de abril durante una sesión plenaria, y tuvo como figura central de la jornada a la periodista manizaleña Juanita María Gómez. Ella hace parte de la Revista Semana y es una de las voces más visibles del movimiento #MeTooColombia. Que tomó importancia tras las denuncias de acoso sexual en medios de comunicación nacionales.
Durante la intervención de la periodista, y ante la pregunta de cuál había sido la decisión más dura que tomó en el periodismo y que cambió su carrera. Gómez no habló de coberturas ni de primicias. Habló del acoso, de los silencios que impone y del costo personal que tiene alzar la voz. Su respuesta se convirtió en una conversación que Colombia lleva semanas intentando sostener.
Homenaje que se convirtió en tribuna
La Asamblea, que ese día le otorgó una condecoración a Gómez, es también un espacio donde las mujeres siguen en minoría. Helena Pabón, madre de familia y asistente al evento, lo señaló: “Cuando ves una Asamblea donde solo hay tres mujeres miembros, sentís que no hay la misma igualdad. La teoría está muy bien, pero hay que enfocarse más en la práctica”. Su observación no es aislada: en las asambleas departamentales colombianas, las mujeres representan apenas el 17,5 % de los escaños. Y, en los concejos municipales el porcentaje es de 17,9 %.
La diputada María Isabel Gaviria, promotora del espacio desde la Comisión de la Mujer y quien fue presidenta de la Asamblea de Caldas en el periodo anterior, indica que este fue un logro que, según ella misma relató, no llegó sin resistencia. “Tuve que trabajar hombre a hombre porque ellos no confiaban en que yo lo hiciera bien”, afirmó.
Cifras que incomodan
Juanita Gómez es cofundadora del colectivo Yo Te Creo Colega, canal que nació tras el escándalo de presunto acoso sexual en el pasado marzo y que hasta la fecha ha recibido más de 200 testimonios de periodistas de todo el país. Su experiencia la convirtió en una de las voces que pusieron el debate sobre la mesa en el ámbito nacional. “Visibiliza completamente esta gran lucha que tenemos que seguir dando las mujeres, no solamente para lograr espacios seguros de trabajo en el caso del periodismo, sino también en otros sectores donde evidentemente existe el acoso sexual”, dijo Gómez.
Lo que la periodista describió en la Asamblea no es una percepción: es una realidad documentada. El dosier Periodistas Sin Acoso, elaborado en 2021 por la Fundación Karisma y la Red Colombiana de Periodistas con Visión de Género, estableció que el 67 % de las comunicadoras del país sufrió acoso sexual en ejercicio de sus funciones. Los agresores, en la mayoría de los casos, son jefes y colegas dentro de las mismas redacciones.
A esa cifra se suma la brecha en el poder editorial. Gómez subrayó que en Colombia las mujeres siguen lejos de las sillas directivas de los grandes medios escritos. El dato confirma una tendencia global: según el Instituto Reuters para el Estudio del Periodismo, en 2025 apenas el 27 % de las principales jefaturas en 240 medios de doce mercados globales están en manos de mujeres, pese a que ellas representan en promedio el 40 % de los periodistas en ejercicio.
La diputada Gaviria reconoció que esa misma lógica opera en la política. “Cuando nosotras tenemos una idea, si la misma idea es del hombre, sale más rápido. Si la idea es de la mujer, no sale tan fácil”, señaló. Las mujeres son más del 50 % de la población colombiana, pero solo ocupan el 30 % del Congreso y el 24,5 % de los cargos territoriales, según la ONU mujeres.
Entre el símbolo y el cambio real
La pregunta sobre si estos actos de reconocimiento producen transformaciones concretas o se quedan en el gesto, dividió las opiniones. Para Gaviria, la respuesta es matizada: “Son simbólicos, pero también tienen avances reales, porque a las mujeres que estuvieron en ese escenario les queda trabajando el tema de que yo puedo denunciar, que no está bien que a uno lo acosen, que no podemos normalizar”.

Blanca Rocío Marulanda, concejal de Salamina durante tres periodos consecutivos y gestora de la Oficina de la Mujer y Equidad de Género en su municipio, puso el acento en lo que ocurre fuera del recinto legislativo. En Salamina, como en gran parte del departamento, la violencia intrafamiliar, psicológica y de género son realidades cotidianas. “Las mujeres están muertas de miedo para denunciar y se aguantan todo lo que les hagan”, advirtió Marulanda, quien ve en la denuncia el primer eslabón de cualquier proceso de cambio.
De la palabra a la política pública
Entre enero de 2024 y septiembre de 2025, la FLIP registró 96 mujeres periodistas víctimas de 162 agresiones, casi la mitad de ellas en entornos digitales. El 37 % fueron amenazas, el 22 % estigmatizaciones y el 21 % casos de acoso. La cifra advierte que el problema no retrocede. Por eso, para Marulanda, la tarea empieza cuando las asistentes salen del recinto: “Cada una de las concejalas, lideresas y alcaldesas que llegamos a esta celebración debemos irnos con el corazón sembrado de que hay que ir a nuestros respectivos municipios a socializar a cada una de las mujeres”.

Juanita Gómez cerró su intervención con una frase que resume el valor de estos espacios y la urgencia de multiplicarlos: “Entre más nos sensibilicemos alrededor del acoso, el periodismo y las violencias que sufrimos las mujeres, todos vamos a entender mucho mejor cómo encontrar salidas. Es una conversación que tenemos que seguir dando y para la que tenemos que encontrar espacios y reacciones seguras”.
Según un informe del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo y ONU Mujeres, los recursos asignados a hombres en campañas políticas son en promedio 3,3 veces mayores que los destinados a mujeres, lo que revela que la lucha por la equidad no termina en las salas de redacción: llega hasta los cimientos mismos del poder. Helena Pabón lo condensó en la siguiente frase:

