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Leyendo: Las páginas de la Casa Roja
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Las páginas de la Casa Roja

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Última actualización: 26 de noviembre de 2025 13:00
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Publicado: 13 de noviembre de 2025
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Texto y fotos por Samara Mendoza

Los hijos de la biblioteca juegan, revolotean y lloran porque no quieren irse a sus casas cuando cae la tarde. Paula Andrea Osorio, la bibliotecaria que custodia la Casa Roja desde hace cinco meses, cierra las puertas de la Biblioteca Satélite de La Enea. En este refugio, el saber huele a papel viejo y a infancia.

La biblioteca nunca está en silencio. Más de diez estantes llenan de mundos por explorar la sala, y una mesa central siempre acoge juegos de mesa y un abecedario de colores. Tres pufs coloridos esperan a los lectores más relajados, mientras que al fondo, una pequeña cocineta guarda libros esperando que alguien los organice.

Mientras tres hermanos recogen las fichas del dominó y colocan las piezas de un rompecabezas en una caja para ordenar la sala, Paula, de piel trigueña, cabello corto y sonrisa cálida, recuerda de dónde viene su carisma y amor por los niños. Como si un bombillo se encendiera en su cabeza, dice:

“Eso viene de casa, de mamá”

Recuerda su infancia en la tienda de disfraces de su madre, donde aprendió a trabajar con niños desde muy pequeña.

La Casa Roja, con 150 años de historia, acoge las dos hermanas del conocimiento del barrio La Enea: la Casa de la Cultura y la Biblioteca Satelital. Generaciones crecen y aprenden allí, y el lugar funciona como refugio para niños, adolescentes y adultos.

Nancy Elena Cruz Ríos, residente del barrio hace 38 años, agradece las vacaciones recreativas que la comunidad organizaba hace 25 años, donde participaron sus dos hijos, y lamenta que muchas actividades comunitarias se hayan perdido.

Los hijos de la biblioteca

La Casa Roja adopta personas de todas las edades. Personas de diferentes generaciones se sienten acogidas en este lugar campestre y hogareño; algunas lo consideran su segunda casa. Paula dicta talleres de lectura, escritura, oralidad y acompañamiento pedagógico con vocación y pasión, ganándose el cariño de los residentes.

Sin darse cuenta, Paula aplica uno de los conceptos del filósofo italiano Umberto Eco:

“El libro es un seguro de vida, una pequeña anticipación de la inmortalidad.”

Eco habla de vivir varias vidas a través de la lectura, y Paula facilita esa experiencia con cada libro prestado y cada taller dictado.

Un viernes, mientras Paula y una de las hijas de la biblioteca hacen inventario, una usuaria frecuente entrega un libro y recuerda su niñez en la Casa Roja:

“Yo crecí en esta biblioteca, vengo desde que tenía cinco años, o sea, hace 45 años. (…) Ahorita yo vengo y traigo también a mi hija.”

Dice Gloria Liliana Betancur y expresa su miedo de que algún día consideren prescindibles a las bibliotecas.

Niños sentados con una mujer
Entre los estantes de la biblioteca se conserva algo más que libros: el esfuerzo compartido de una comunidad que hace del conocimiento un espacio abierto, vivo y para todos.

Custodiar libros, espacios, memoria y personas

Paula no solo trabaja dentro de las bibliotecas. Ha pasado la mayor parte de su vida frente a un escritorio como administrativa, pero cuando conoció la parte operativa y el contacto directo con las personas, se enamoró del trabajo.

Paula recuerda uno de los momentos más retadores de su vida: trabajar con personas en condición de calle. Allí aprendió que nadie tiene nada garantizado, que cada persona tiene historias que merecen contarse y que los egos no sirven de nada. Explica:

“Eso sí me cambió la vida (…) Nunca me imaginé que me iba a tocar bañar un habitante de calle (…) el ego por el piso.”

Paula extiende su labor más allá de la biblioteca de La Enea, colaborando con otras once bibliotecas en la ciudad. La Red de Bibliotecas Públicas de Manizales, donde Paula forma parte, llega a hospitales, clínicas, colegios y cárceles, usando 55.327 ejemplares y su capital humano.

Los coordinadores no se quedan en un solo espacio y respaldan la Ley Nacional de Bibliotecas 1379, que garantiza acceso a la cultura y a la información.

“Esta es la casa de ustedes, esto es de ustedes, esto no es ni mío.”

Paula usa esta frase para sembrar sentido de pertenencia y cuidado en los visitantes de la Casa Roja. Además, muestra que las bibliotecarias modernas no se enfadan porque la gente hable en voz alta; la biblioteca ya no necesita ser un recinto de silencio.

Trata los libros con amor, restaura los que se dañan por el uso, mantiene la rotación, trabaja en comunidad y genera recuerdos que futuras generaciones podrán disfrutar.

Al final de la nota se hace la invitación a que conozcan más sobre las bibliotecas públicas de Manizales le puede interesar 

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