El aumento de cánones de arrendamiento, costos operativos, cambios en el consumo y la presión económica están modificando la dinámica comercial de la Sultana, por donde cada vez más habitantes optan por vender desde casa o en la calle ante las dificultades de sostener un local formal.
La imagen de locales vacíos o negocios con alta rotación ya forma parte del paisaje comercial de La Sultana. Para comerciantes y habitantes del sector, emprender formalmente es cada vez más complejo por el incremento en servicios públicos, infraestructura e insumos, valores afectados por el Índice de Precio al Consumidor (IPC), que en 2025 cerró en 5,1.
A esto se suma que, a diferencia de la vivienda, los locales comerciales no tienen un límite legal fijo para sus incrementos, por lo que sus costos dependen de acuerdos entre propietarios e inquilinos, lo que genera mayor presión para quienes buscan mantenerse.
Costos que apagan los negocios
pero el fenómeno no responde únicamente al valor del arriendo. Tatiana Torres, mercadóloga, señala que el problema también está relacionado con factores estructurales como los altos costos fijos, la transformación del comportamiento del consumidor tras la pandemia y la necesidad de adaptación digital. Según explica, muchos compradores ahora priorizan la inmediatez, consultan negocios por redes sociales como WhatsApp y prefieren las opciones rápidas a un punto fijo.
En este contexto, vender desde casa o en la calle reduce gastos y puede representar una alternativa más rentable para emprendedores con recursos limitados. Además, advierte que los negocios que permanecen en los locales deben diferenciarse, ofrecer experiencias y fortalecer su presencia digital para competir.

La informalidad gana espacio en el barrio
Esa realidad también se percibe entre quienes observan diariamente cómo cambia el barrio. Verónica Isaza, habitante de la Sultana, considera que la economía actual impulsa nuevamente la informalidad como una forma de subsistencia. “Hay que producir como sea para la canasta familiar”, afirma, al referirse a las dificultades que enfrentan muchas familias para sostenerse mientras los costos aumentan.

Margarita Ramirez representa esa transformación desde la experiencia cotidiana. vendedora informal del sector, asegura que muchos negocios en La Sultana no logran mantenerse porque la economía y la competencia terminan debilitando las ventas. Según cuenta, varios emprendimientos abren, pero cierran rápidamente por falta de rentabilidad, mientras la saturación de negocios similares reduce aún más las oportunidades. Aunque en un local fijo para generar ingresos. “Mi gusto sería meterme en un puestico, para no mojarme ni chupar sol, pero como está la situación no hay como”.
Más allá de los locales vacíos, La Sultana enfrenta una transformación en su modelo comercial: mientras algunos negocios buscan reinventarse para sobrevivir, otros convierten la informalidad en una alternativa para seguir adelante en una economía que exige cada vez más para permanecer.
Por: Manuela Henao y Zara Vásquez

