Por Angélica Castro
La delegación de la Oficina de las Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres (UNDRR), liderada por el oficial de Asuntos Económicos Luis Bonilla Ortiz Arrieta, visitó Manizales y reconoció a la ciudad como una de las más avanzadas de América Latina en gestión del riesgo. El encuentro, realizado el 15 de octubre de 2025, ratificó el liderazgo de la capital caldense en la construcción de un modelo que integra conocimiento científico, planificación territorial y participación ciudadana.
Durante la jornada, la Unidad de Gestión del Riesgo (UGR) presentó los avances del Sistema de Alertas Tempranas (SAT), una red de monitoreo climático y geotécnico que permite reaccionar a tiempo frente a lluvias, deslizamientos o incendios. Estos mecanismos, según la UNDRR, demuestran cómo la ciudad incorpora la gestión del riesgo en su planificación urbana.
Históricamente, Manizales ha sido golpeada por emergencias causadas por lluvias intensas y deslizamientos.
En abril de 2017, las precipitaciones provocaron más de 30 deslizamientos en distintos sectores, dejando 17 personas muertas y cerca de 3.500 damnificadas, según reportes de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo, que señalaron a los barrios Aranjuez, Persia, Granjas y Sierra Morena entre los más afectados.
En 2003, se registraron más de 150 deslizamientos en un solo periodo invernal, de acuerdo con un informe de la Oficina de las Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres (EIRD). Ese año marcó un punto de inflexión en la política local de prevención, que llevó a la creación del Sistema de Alertas Tempranas (SAT).
Estos antecedentes explican por qué el reconocimiento de la ONU tiene un valor simbólico: Manizales aprendió a responder porque ya vivió el desastre.

La técnica detrás de la prevención
Desde una mirada técnica, el voluntario de la Defensa Civil y especialista en gestión del riesgo, Dirson Net, sostiene que un sistema eficaz en ciudades como Manizales debe tener un plan estructurado y practicado, con recursos económicos, humanos y tecnológicos para atender emergencias. “Debe incluir ayudas humanitarias, equipos de rescate, plantas eléctricas, sistemas de comunicación y, sobre todo, personal capacitado. La Ley 1523 de 2012 establece tres procesos esenciales: conocimiento, reducción del riesgo y manejo de desastres”, explica.
Net agrega que el conocimiento del riesgo requiere mapas de amenaza, monitoreo con inclinómetros, capacitación comunitaria y brigadas certificadas, además de la regulación del uso del suelo para evitar construcciones en zonas inestables. “Los municipios enfrentan desafíos sociales y financieros: falta de recursos para prevención, débil coordinación interinstitucional y crecimiento urbano en zonas vulnerables. A menudo se invierte más en atender emergencias que en evitarlas”, advierte.
Estos avances técnicos son precisamente los que la UNDRR valoró durante su visita, al destacar la manera en la que la ciudad articula a la ciencia y a la comunidad en la toma de decisiones sobre el territorio.

Las voces del riesgo: entre la prevención y la incertidumbre
En el barrio La Francia, una de las zonas con antecedentes de deslizamientos, la residente Victoria Eugenia Rubio vive con preocupación cada temporada de lluvias. Rubio asegura que en la entrada principal hay muchos árboles y cuando llueve fuerte algunos caen sobre la carretera y provocan accidentes. “Me siento muy insegura cuando llueve, y no veo que se esté haciendo algo que realmente proteja la vida de quienes pasamos por ahí”, afirma. Este llamado contrasta con el reconocimiento internacional y refleja que la adaptación también depende del mantenimiento continuo y de la atención a los puntos críticos donde el riesgo sigue activo.

Bomberos: la primera línea de respuesta
La Oficina de las Naciones Unidas también destacó el trabajo operativo del Cuerpo Oficial de Bomberos de Manizales, considerado el brazo de respuesta de la UGR. Su comandante, Jorge Iván Quintero, señala que la coordinación entre instituciones, una de las fortalezas reconocidas por la ONU, permite reducir los tiempos de atención en la ciudad. Para los bomberos, el reconocimiento no es un premio, sino un compromiso: “Más vale prevenir que lamentar. Mantener este nivel exige fortalecer cada día el conocimiento, la reacción y los recursos”, argumenta.
Según el documento “El riesgo en el ordenamiento territorial: desarrollo con transformación”, elaborado por el investigador Ómar Darío Cardona, del Instituto de Estudios Ambientales de la Universidad Nacional sede Manizales, sostiene que la clave del modelo es incorporar el riesgo al Plan de Ordenamiento Territorial (POT). “Lo que no es dimensionado no puede ser administrado; para decidir hay que medir”, afirma Cardona.
El estudio advierte que el desafío está en mantener actualizado el sistema ante el cambio climático, con proyecciones de aumento de lluvias y presión sobre las microcuencas urbanas si no se refuerzan las obras y la educación ambiental.
El modelo de Manizales combina tres dimensiones que la ONU considera esenciales para la reducción del riesgo: conocimiento técnico, reducción de vulnerabilidad y manejo de desastres.
La ciudad cuenta con mapas de amenaza incorporados en el POT, protocolos de evacuación en más de 60 barrios y programas escolares de prevención. Sin embargo, los ciudadanos insisten en que no basta con la infraestructura: la prevención debe sentirse en los barrios.
Un reto que se renueva con cada lluvia
“Esto no se trata de premios”, afirma Amanda Aguirre, líder ambiental, “se trata de cuidar la vida todos los días.”
El reconocimiento de la ONU resalta años de trabajo, pero también recuerda que la resiliencia no es un título, sino una tarea diaria. En Manizales, donde la lluvia es una amenaza constante, el reto sigue siendo el mismo: prevenir antes que lamentar.
Personaje destacado

Entre las calles empinadas y las lluvias persistentes de Manizales, Valentina Marín representa el rostro humano de la resiliencia que la ONU reconoce en la ciudad. A diario participa en labores de prevención, monitoreo y respuesta ante emergencias que ponen a prueba la coordinación del sistema local.
“Nuestro trabajo no es solo apagar incendios o atender deslizamientos, es enseñar a la gente a cuidarse y a prevenir. Cada capacitación puede salvar una vida”, afirma Valentina.
Su labor, junto a la del Cuerpo Oficial de Bomberos y la Unidad de Gestión del Riesgo, refleja que la resiliencia de Manizales no solo está en sus sistemas de alerta, sino en las personas que los sostienen.
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