LA MINA

de oro que se mantiene en Manizales

Texto por: Laura María Ocampo Ruiz

La madrugada en la mina La Coqueta (en Maltería). Respira un aire helado, casi húmedo, con un olor amaderado y fresco. En la entrada del socavón, un foco amarillento apenas alcanza a iluminar las botas empantanadas de los mineros. Todo parece suspendido. La niebla, el humo del café recién hecho y el penetrante frío. La Coqueta forma parte de las seis organizaciones mineras de Colombia y Perú que cuentan con la certificación Fairmined, reconocimiento internacional a la minería que extrae sin destruir. Allí, los zorros y ciervos bajan de las montañas y las familias de loros sobrevuelan el terreno mientras rompen el silencio del amanecer.

Entre las hectáreas de árboles y las escalas improvisadas de madera, ronda Pérez, el escolta principal de la mina. Es un hombre alto y fornido, vestido de negro, armado y sumamente atento. Poco se sabe de él, como de casi todos los que trabajan bajo tierra. Cada mañana hace ronda y llena su bitácora sagradamente, en la que informa cualquier irregularidad.

A veces, entre la niebla, se escuchan las lechuzas blancas: “Esas son las que nos asustan en la noche, porque silban como si fueran alguien, como silbándole a uno”, describe Pérez.

980 metros hacia el corazón de la montaña

El socavón es el primer paso para la extracción del oro. Allí, donde la oscuridad predomina excepto por las linternas de los cascos, se puede apreciar un túnel reforzado con madera, de unos dos metros de altura. Adentro los mineros empujan los carros que se desplazan sobre rieles, para llevar las piedras a la tolva y. posteriormente, al molino. No hay mercurio, ni humo, cada grano dorado que asoma entre el lodo es producto de horas de trabajo manual.

Los mineros son como familia, entre ellos se rotan los horarios para hacer las comidas, ríen y entrenan a cada novato, pues hay mineros con más de 40 años de experiencia. “A partir de 1973 aproximadamente, se hace el último túnel, la última cruzada, que es lo que hoy se denomina mina La Coqueta”, afirma José Humberto

Duque, minero durante 25 años en Maltería y quien se considera de los últimos contadores de la historia de la minería en Manizales.

Donde el oro se limpia sin veneno

Según la Ley 1658 de 2013, las minas debían eliminar el mercurio para preservar los recursos naturales renovables y el medio ambiente: “Erradíquese el uso del mercurio en todo el territorio nacional, en todos los procesos industriales y productivos en un plazo no mayor a diez (10) años y para la minería en un plazo máximo de cinco (5) años.” Por lo cual, las minas debieron reinventar su proceso de tal manera que existiera un balance entre la sostenibilidad y la economía.

Anteriormente, se usaba el proceso de amalgamiento con mercurio, el cual se sometía a altas temperaturas para atrapar el mineral. Según Esteban Robledo, geólogo de minas con experiencia en minería de oro subterránea, el minero utiliza el mercurio porque tiene la capacidad de atraer el oro. Al mezclarse, forma una especie de esfera compacta. Luego, al calentarse, el mercurio se evapora y queda únicamente el oro, que se recupera en la fase final del proceso.

“El molino chileno es el que tiene la mina La Coqueta, un sistema de molienda circular diferente”, explica Duque. El molino reemplazó al mercurio, un químico tóxico para el medio ambiente. Esta máquina, que posee ruedas de unas cuatro toneladas, tritura la piedra con agua hasta volverla polvillo, como un pantano grisáceo de textura delgada.

Transcurre la jornada y los mineros, con chaquetas desgastadas y botas de pantano, conversan sobre sus familias. Uno de ellos comenta entre risas que su pequeña hija de diez años desea irse al exterior cuando sea grande. Se siente agradecido por poder pagarle sus estudios y tener la salud y energía para trabajar. Esta situación no es igual en todas las organizaciones mineras, pues el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (UNEP) indica:

“Hasta el 33% de los mineros artesanales sufren intoxicación moderada por vapor de mercurio metálico”, lo que representaría hasta 6.5 millones de mineros afectados en el mundo.

Sin embargo, con el proceso del molino ya no es necesario el uso del químico, pues la densidad del oro hace que se quede en el fondo y sea más fácil extraer el lodo de la superficie, el cual posee el grosor parecido al de un talco. Así convirtieron un proceso químico en uno netamente manual.

En 2018, La Coqueta obtuvo la certificación Fairmined, otorgada por la Alianza por la Minería Responsable. “Han optado por procesos de recuperación del metal mucho más eficientes y han hecho importantes inversiones para lograr mejores y más adecuados estándares de calidad”, según esta iniciativa que certifica el origen responsable y sostenible del mineral.

El ruido del molino acapara la atención, tanto que hace que las tejas y las latas del suelo vibren. Cuando el proceso termina, el silencio envuelve el ambiente, los mineros descansan y se preparan para entrar en la máquina, la cual lavan a mano con el agua de fuentes hídricas naturales que atraviesan el terreno de la mina.

El oro se revela entre las manos

Tras finalizar el proceso del molino, la mezcla de oro con pantano pasa a la mesa alemana, que según describe el escolta Pérez, es la que “zarandea” el residuo que no se terminó de recoger. Finalmente, el material llega a la batea: “Lo que llamamos nosotros en el término minero, los cortadores de oro, que son las personas que se encargan de hacer la tarea con la batea y de extraer el oro aparte y eliminar el resto de metales”, explica Duque.

“El mono” es el minero más antiguo. Es un hombre desconfiado, de estatura baja y con barba de color café claro mezclada con algunas canas. Revuelve el pantano durante varios minutos para que el oro se asiente. Lo acaricia para sacarlo de la batea, hasta que los pequeños granos comienzan a brillar y a llenar de luz el oscuro y húmedo recipiente. En 2022, según la Agencia Nacional de Minería de Colombia (AMN), la mina tuvo una producción de 3.560 kilogramos de oro, producto del trabajo artesanal y manual de los mineros.

Es posible extraer oro sin dañar la montaña que la esconde, pues realizan plantación de árboles y conservación de flora, fauna y fuentes hídricas al evitar todo tipo de químicos, como el mercurio o el cianuro.

“Eso mejora la imagen de la minería, mejora el trabajo para ellos, obviamente el medio ambiente, todo lo que tenga que ver con la salud de los trabajadores. Aún más de una mina que está tan cerquita del páramo”, indica el geólogo Robledo al referirse al trabajo de la mina La Coqueta y la erradicación del mercurio.

 

En medio de esa niebla espesa y de esa vida secreta, la minería en Malteria sigue siendo real. Al lado de La Coqueta, está La Cascada, ambas mantienen esa tradición y tratan, hasta donde pueden, de hacerlo sin afectar el medio ambiente. Parece que quienes están allí entendieron que, si hacen menos daño, pueden trabajar más y mejor.

En Colombia se estima que la minería artesanal emplea alrededor de 200.000 mineros, con producción de 30 toneladas de oro al año, según el Ministerio de Ambiente.

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