Esta es la historia de José Edgar Murillo, un líder comunitario que decidió quedarse cuando su barrio cambió para siempre.
Llegaron demoliciones, lotes vacíos y las grandes casas desaparecieron, a hoy solo son torres de apartamentos que transforman la forma de vivir en La Avanzada, un sector de la comuna San José en Manizales. Muchas familias tuvieron que irse, otras permanecieron intentando adaptarse a una nueva realidad construida entre concreto, pasillos estrechos y recuerdos de un barrio que ya no existe como antes.
Un barrio que cambio para siempre
José Edgar Murillo decidió quedarse sin importar nada, a las cinco y media de la mañana, cuando la mayoría de los habitantes aún duerme, José Edgar ya está recorriendo los pasillos del conjunto residencial del barrio La Avanzada. Camina
despacio, con las manos curtidas y la mirada seria de alguien que lleva años cargando preocupaciones ajenas. Tiene el cabello corto, entrecano, un bigote marcado y una voz tranquila que contrasta con el ritmo acelerado del barrio. Suele
vestir ropa sencilla y mientras habla observa todo a su alrededor, como si todavía intentara reconocer el lugar donde ha vivido gran parte de su vida.
Barre pasillos, saluda a sus vecinos y señala algunos lotes vacíos donde antes había casas y familias enteras, cada espacio le recuerda algo, cada calle parece guardar una historia que todavía no termina de irse. Tiene 63 años y desde hace
12 años es el presidente de la Junta de Acción Comunal de La Avanzada. También administra dos torres de apartamentos construidas tras el Macroproyecto San José, uno de los procesos de renovación urbana más grandes y discutidos de
la ciudad.
El proyecto que trasformo La Avanzada
El Macroproyecto de Interés Social Nacional San José fue creado en 2009 con el propósito de renovar y reorganizar parte de la comuna, reubicar familias que vivían en zonas de alto riesgo y construir nuevas soluciones de vivienda e infraestructura urbana. Así lo explica la Alcaldía de Manizales. Según la administración municipal, el objetivo era mejorar la calidad de vida de los habitantes mediante proyectos de vivienda, espacios públicos e infraestructura para el sector. Sin embargo, detrás de los documentos y planes urbanísticos hubo familias que tuvieron que abandonar las casas donde habían vivido toda la vida.
Y José Edgar fue una de ellas, su familia dejó atrás una vivienda amplia para trasladarse a un apartamento, el cambio no solo fue dejar una casa, fue dejar toda su vida allí, significó acostumbrarse a otra forma de vivir y convivir con los vecinos.
Lo que antes ocurría en patios y calles abiertas pasó a desarrollarse entre paredes más pequeñas y una propiedad horizontal.

Vivir entre apartamentos y recuerdos
Hablar del macroproyecto todavía le genera nostalgia, dice que el barrio cambió demasiado y que muchas cosas ya no volvieron a ser iguales. Aunque reconoce que hubo mejoras en infraestructura y vivienda, siente que gran parte de la esencia del barrio se perdió en medio de las demoliciones y las nuevas construcciones. “Antes todos se conocían, el barrio era diferente”, comenta mientras mira hacia una zona donde antes había varias viviendas.
La llegada de nuevos conjuntos trajo conflictos relacionados con basura, seguridad, ruido y administración de espacios comunes. Y justo ahí es donde dedica otra parte de su vida, él debe atender discusiones entre vecinos, problemas
de convivencia y necesidades diarias de cientos de habitantes. Dice que uno de sus principales objetivos es mantener el orden y tratar de crear sentido de comunidad en un lugar donde muchas personas todavía no logran sentirse
completamente conectadas con el barrio.
Liderar en medio de los conflictos
No siempre es fácil, en ocasiones, ha recibido malas respuestas de algunos residentes cuando intenta hacer cumplir normas o solucionar conflictos. También asegura que muchas veces la comunidad exige soluciones inmediatas para
problemas que no dependen completamente de él. “Hay cosas que uno puede gestionar y otras que ya se salen de las manos”, afirma. Entre las principales problemáticas ya mencionadas considera que muchas veces los líderes
comunitarios terminan asumiendo responsabilidades que deberían atender otras entidades.
Sobre el apoyo recibido, reconoce que algunas administraciones municipales han acompañado ciertos procesos y proyectos para la comuna, pero siente que todavía falta mayor presencia institucional y continuidad en las soluciones para el
sector. Aun así, José Edgar cree que los problemas del barrio requieren mucho más que reuniones o soluciones momentáneas. “Uno solo no puede resolver todo”, dice.
El trabajo comunitario de José Edgar también lo ha llevado a participar en procesos relacionados con la seguridad y la convivencia del sector. De hecho, la Policía Nacional ha realizado encuentros y trabajos conjuntos con líderes de la
comuna San José para fortalecer el acompañamiento en el barrio y reconocer el papel que cumplen dentro de la comunidad.
Quienes lo conocen aseguran que, a pesar de las dificultades, sigue siendo una persona constante. José Alberto Marín, habitante del sector y cercano a él, lo describe como alguien persistente, de esos que no abandonan fácilmente los
problemas. “Es una persona que siempre está pendiente de la gente y busca cómo ayudar, así no tenga recursos”, afirma.
El líder que también es padre y abuelo
Pero José Edgar no es únicamente el líder que recorre el barrio resolviendo conflictos, en su casa existe otra versión de él. Su hija, María Alejandra, lo describe como un padre presente, alguien que siempre ha estado cuando ella lo necesita dice que el cariño no lo demuestra con grandes discursos, sino a través de acciones pequeñas y constantes.
Como abuelo, asegura que cambia por completo pues da la vida por sus nietas. La rigidez con la que suele hablar de los problemas del barrio cambia cuando está con ellas, él juega, se ríe y disfruta profundamente cuando comparte su tiempo
con la familia. En esos momentos lejos de reuniones y conflictos comunitarios, se vuelve un hombre más tranquilo, más cercano y menos rígido que el líder que conocen los vecinos.
Permanecer en un barrio trasformado
Esa dualidad entre la vida familiar y el liderazgo ha marcado gran parte de su historia, durante años ha tenido que dividir el tiempo entre las responsabilidades del barrio y su familia. Muchas veces, mientras otros descansan, él sigue atendiendo llamadas de vecinos, escuchando reclamos o intentando mediar conflictos dentro de las torres.
En medio de un barrio atravesado por la transformación urbana, José Edgar se convirtió en una especie de memoria viva de lo que fue La Avanzada antes del concreto y las demoliciones, mientras otros se fueron, él decidió quedarse habitando el mismo territorio que ha visto cambiar durante años.
No es de los que hablan duro ni buscan llamar la atención, su liderazgo se basa en cosas más simples: escuchar a un vecino, barrer un pasillo, gestionar una reunión o intentar solucionar problemas que parecen repetirse todos los días.
Tal vez por eso su historia termina siendo la historia de muchos habitantes de San José, personas que tuvieron que aprender a reconstruir comunidad en un barrio que cambió demasiado rápido. Porque cuando desaparecen las casas, las calles y los espacios que sostenían la vida cotidiana, lo único que queda son las personas que insisten en permanecer y José Edgar Murillo todavía sigue ahí.

