Estudiantes de diferentes niveles participan del 1 al 9 de junio en la Toma de Ciudad. Música para el tiempo libre, fortalecer proyectos de vida y responder a nuevas necesidades sociales.

Instrumentos usados en proceso formativo que fortalecen habilidades musicales y trabajo en equipo.
La Fundación Batuta Caldas convierte la música en una alternativa frente al sedentarismo, el uso excesivo de pantallas y las problemáticas sociales que afectan a niños y jóvenes. En Manizales, esta propuesta formativa no solo enseña instrumentos: también forma hábitos, promueve el trabajo en equipo y acompaña a las familias.
Jorge Iván Jaramillo, coordinador académico de la Fundación Batuta Caldas, explica que el objetivo de la institución une dos componentes: la formación musical y la formación integral. “No somos una institución de formación profesional a nivel musical; utilizamos la música como excusa para usar de manera correcta el tiempo libre de los estudiantes”.
Actualmente, la entidad atiende cerca de 2 mil estudiantes en el departamento. Cuenta con sede principal en Manizales, centros sinfónicos en las comunas La Fuente y San José, y procesos en sectores como San Cayetano y San Sebastián, además de municipios como Aguadas, Neira, Anserma, Samaná y Palestina. La página institucional registra once centros de formación musical.
Formación musical con impacto social
El proceso inicia desde la primera infancia con el programa Mi primer encuentro con la música. Después, los estudiantes avanzan por iniciación, rotación instrumental, semillero orquestal, orquesta infantil y orquesta juvenil. También hay cursos de extensión en guitarra eléctrica, bajo, batería, teclado, técnica vocal y producción musical.

Espacio acondicionado para el almacenamiento y cuidado de instrumentos utilizados en los procesos musicales.
Para Jaramillo, uno de los cambios más visibles ocurre en el comportamiento de los estudiantes. Señala que la práctica musical ayuda a fortalecer la disciplina, la espera, la corresponsabilidad y el manejo emocional. “En este momento el instrumento de la humanidad es un celular, no un instrumento musical”, dice, al explicar que esta experiencia colectiva y presencial reduce la ansiedad y mejora la convivencia.
El componente social también marca la diferencia. El programa acompaña a estudiantes y familias en temas como pautas de crianza, prevención del consumo de sustancias, dificultades de aprendizaje y neurodiversidad. Según Jaramillo, en algunos sectores la formación musical se convierte en un lugar seguro para los jóvenes y ayuda a transformar sus entornos.
Martín Vélez, conocido artísticamente como Noro, estudia el técnico en producción musical en la fundación. Lleva casi dos años en el proceso y asegura que la formación le ayuda a consolidar su proyecto de vida. “Era lo que en verdad quería estudiar, así que ha sido muy gratificante”, expresa. Para él, esta experiencia le entrega bases técnicas y teóricas para continuar su camino académico en la música.
Toma de Ciudad: eventos y conciertos

Un clarinete desarmado revela su alma: así enseña Batuta que la música se aprende por dentro.
La institución también adapta su oferta a una Manizales cada vez más adulta. Jaramillo explica que se exploran propuestas para adultos mayores, salud mental, danza urbana, chirimía, teclado, discapacidad visual y población con síndrome de Down. Además, participa en procesos como Artes para la Paz, programa nacional que, según el Ministerio de las Culturas, lleva formación musical a niños, niñas, adolescentes y jóvenes en diferentes departamentos del país.
Del 1 al 9 de junio, la Toma de Ciudad permite que Manizales escuche el resultado de esos procesos. El 6 de junio, cerca de 280 niños de semilleros y orquestas infantiles se presentan en el Ecoparque Los Yarumos. El 9 de junio, las agrupaciones con mayor trayectoria llegan al Teatro Los Fundadores, a las 7:00 p.m., en un concierto abierto al público.
El reto ahora no está solo en llenar escenarios, sino en sostener y ampliar estos procesos. La fundación necesita aliados, convenios y nuevas estrategias para seguir llegando a más comunidades. En una ciudad que envejece y en la que los jóvenes enfrentan nuevas formas de aislamiento, la música aparece como una posibilidad de encuentro, disciplina y futuro.

