Francisco González y la búsqueda que no termina

El Vespertino
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Francisco González, Profesional en Estudios Literarios de la Universidad Javeriana y especialista en Gerencia y Gestión Cultural, ha construido una vida dedicada a la palabra, la memoria y la verdad. Miembro de la Academia de Historia del Tolima, es hoy uno de los nombres más importantes cuando se habla de la recuperación histórica de Armero y de la búsqueda de los niños desaparecidos tras la avalancha de 1985. Su trabajo no solo investiga: abraza, reconstruye y devuelve humanidad a una herida que, 40 años después, sigue abierta.

González es una de las fuerzas impulsores de la Fundación Armando Armero, una organización que desde hace más de quince años se ha convertido en un faro para las familias que aún buscan a sus hijos. Acompañando testimonios, abriendo archivos, impulsando investigaciones y generando espacios de memoria, la Fundación ha logrado que cientos de historias no caigan en el silencio ni en el olvido.

Memoria que resiste: la búsqueda, el arte y la verdad

Entre los aportes más significativos de Francisco está capacidad para unir la investigación histórica con proyectos culturales que conmueven y transforman. Su más reciente creación, “El olvido que navega”, es una intervención artística sobre el río Lagunilla que honra a las madres que todavía buscan a sus hijos. Es un gesto poético y político que recuerda que la tragedia no terminó aquel 13 de noviembre: continúa cada día en la vida de quienes aún esperan respuestas.

Gracias a alianzas con genetistas como Emilio Yunis y Juan Yunis, la Fundación ayudó a construir un banco de ADN que ha permitido reencuentros entre padres e hijos separados por la emergencia, el desorden estatal y la adopción irregular dentro y fuera del país. Iniciativas como Perdidos de Armero, las Estaciones de Memoria y el Callejón del Duelo han permitido resignificar el territorio y darle un lugar digno a las historias que aún duelen.

Hoy, cuatro décadas después, Francisco González sigue siendo una de las voces que no permite que Armero se desvanezca. Su labor recuerda que la memoria no es un acto del pasado, sino una responsabilidad del presente. Cada familia que se reencuentra, cada historia reconstruida y cada nombre recuperado demuestra que la tragedia continúa escribiéndose… y también la esperanza.

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