La migración juvenil en Santo Domingo refleja la búsqueda de mejores condiciones de vida. Mientras la falta de apoyos y oportunidades en el campo pone en peligro la sustentabilidad agrícola y social de la zona rural.
Por: Isabella González, Mariapaz Cristancho y María José Ladino.
La vereda Santo Domingo, en el municipio de Villamaría (Caldas), enfrenta la migración de jóvenes hacia la ciudad. Debido a la falta de garantías económicas en el campo y al limitado conocimiento sobre su situación real. Además, las estrategias y propuestas del gobierno para incentivar su permanencia son escasas e insuficientes. Esta combinación ha generado una disminución notable de la mano de obra agrícola, afectando la producción del sector en los últimos años. Según una investigación de la Universidad de Caldas publicada en 2024. Esta salida de población, motivada por la búsqueda de educación y empleo, pone en riesgo la continuidad de los cultivos y el mantenimiento de la población campesina.
Aún no hay cifras oficiales que documenten con precisión la migración campesina ni planes definidos para afrontarla. No obstante, según datos del DANE, en Colombia el 24,5% de los jóvenes pertenecen a la zona rural. Y, considerando un informe de la Alcaldía de Villamaría, en Santo domingo habitan 200 personas de las cuales el 25% aproximadamente son jóvenes.

Importancia y situación del sector agrícola local
El sector agrícola en Villamaría hace parte fundamental del progreso económico del municipio. Aporta alrededor del 4,2% del PIB departamental, de acuerdo con datos del Ministerio de Agricultura. Además, forma parte de la estrategia política para el desarrollo rural en la zona. En Villamaría cerca de 28.578 hectáreas están dedicadas a la producción agrícola en concordancia con informes del gobierno de Caldas.
Sin embargo, en veredas como Santo Domingo, el fenómeno migratorio genera una escasez de mano de obra. Que afecta la siembra de cebolla, repollo, fresa y café. Productos que sostienen la economía campesina local. De acuerdo con el estudio, muchas fincas pasaron de estar completamente cultivadas a tener solo pequeños lotes de producción y otras quedaron en manos de adultos mayores sin apoyo.

Estrategias de sostenibilidad y dificultades económicas
La Ecofinca La Soledad fomenta la diversificación productiva. Mediante proyectos de investigación en agricultura orgánica, asesorados por la Universidad de Caldas y apoyados por la Secretaría de Agricultura de Villamaría. Estos procesos buscan mayor sostenibilidad y soberanía alimentaria para los habitantes del territorio y para el consumo del municipio. Pese a esto, según el Área de Desarrollo Social de la Alcaldía de Villamaría. El desempeño del sector se ve amenazado por la falta de interés y apoyo tanto de la comunidad como de las autoridades locales.
Jonathan Marín Henao, ex propietario de AgroJP y presidente del consejo de Chinchiná. Señala que su empresa agrícola tuvo que cerrar debido a las difíciles condiciones para la rentabilidad del campo. Entre los principales factores menciona la elevada carga tributaria y la escasez de mano de obra. Asevera que actualmente no existen incentivos efectivos para motivar a los jóvenes a permanecer en el trabajo rural. Ya que esto requiere un compromiso económico significativo por parte del gobierno. Asimismo, sostiene que en el campo hacen falta oportunidades laborales dignas, educación de calidad e infraestructura adecuada para el desarrollo de los jóvenes.
Un factor importante a tener en cuenta es la baja rentabilidad de la venta de productos campesinos. Luis Ángel Hernández, propietario de la pesebrera 3LLL. Comenta que la importación de productos que también se producen en tierras colombianas, como la papa o la cebolla cabezona roja, incrementa la competencia y reduce las posibilidades de venta. Pues los consumidores suelen optar por lo más barato. De hecho, en esa pesebrera antes se cultivaba papa, pero tuvieron que cesar la producción debido a esta situación.

Desafíos económicos y laborales del campo
Según datos recientes del DANE. El ingreso promedio de los trabajadores agropecuarios de Colombia fue de aproximadamente $982.463 COP mensuales en 2024. Monto que resulta inferior al salario mínimo legal vigente, que para 2025 es de $1.423.500 COP mensuales más un auxilio de transporte de $200.000 COP. Además, en el sector rural la informalidad laboral es muy alta. Alcanzando alrededor del 84%, lo que agrava la precariedad y dificulta el acceso a beneficios sociales y pensiones.
Además, el jornal del campesino es muy bajo. Generalmente, corresponde a una jornada laboral de hasta 8 horas diarias, y el pago aproximado está entre 45 mil y 60 mil pesos. Las condiciones de tiempo y comodidad son difíciles trabajando “a sol y agua hasta que anochezca”. El propietario de la pesebrera 3LLL también menciona que el acceso a préstamos en los bancos por falta de historial crediticio es un impedimento para el crecimiento de sus fincas. Por estas razones, él y muchos otros campesinos impulsan a sus hijos a irse a la ciudad en busca de mejores oportunidades.
Voces juveniles: la búsqueda de sueños en la ciudad
Leidy Ceballos, estudiante de la Universidad de Manizales.
Manifiesta que su traslado del campo a la ciudad se debe a que sus padres son conscientes de las dificultades físicas y la escasa remuneración que implica la vida rural. Aunque enfatiza que adora el campo, ella y la mayoría de sus compañeros buscan en la ciudad las oportunidades y sueños que el entorno rural no les puede ofrecer.
Valentina Tamayo, estudiante de la Universidad de Caldas, explica que desde pequeña la cultura influyó en su percepción del futuro. Ya que siempre le dijeron que debía estudiar sí o sí para salir del campo. De manera similar a lo que mencionaba Leydi, Valentina asegura que si hubiera más posibilidades para emprender, innovar o poseer tierras, no existiría tanto desarraigo de su tierra. Expresa su tristeza por tener que irse, pero prefiere enfrentar las adversidades de lo urbano para poder alcanzar sus metas.

Programas verdes, futuro en veremos
Luisa Rendón, promotora social y comunitaria del área de desarrollo social de la Alcaldía de Villamaría, explica que entre los principales motivos que impulsan la migración de los jóvenes se encuentran la falta de oportunidades laborales y otros beneficios como seguros, prestaciones o garantías sociales. Además, muchos jóvenes desean acceder a la educación superior y el sistema de movilidad, que en dicha vereda es limitado, influye significativamente en su decisión de migrar.
La Alcaldía de Villamaría explora programas para incentivar el interés por el campo. Por ejemplo, el programa CampeSENA, que busca fortalecer habilidades relacionadas con el sector rural, como el manejo de cultivos, buenas prácticas agrícolas, transformación de productos, emprendimiento, comercialización en mercados locales y sostenibilidad ambiental. Estas capacitaciones buscan que los jóvenes adquieran competencias técnicas y empresariales que les permitan ver el campo como una opción de vida rentable.
Otra opción también es el programa de “Universidad en el Campo”, que busca acercar la educación superior a las veredas mediante carreras técnicas orientadas al sector agropecuario. Además, promueve políticas que mejoran la rentabilidad de los cultivos a través de alianzas público-privadas. Con esto se aspira a que los estudiantes tengan acceso a recursos económicos para mejorar la situación de las familias rurales. Si no se adoptan medidas que fortalezcan la mentalidad de los jóvenes sobre quedarse en el territorio y trabajar por él, la vereda podría perder su vocación agrícola en los próximos años y comprometer la seguridad alimentaria del municipio.

Personajes destacados
La oportunidad de reinventarse más allá de la ciudad

Julieth Hernández Díaz es una persona que sale de lo común. A sus 35 años decidió dejar la ciudad para empezar a vivir en el campo junto a su pareja. Cuenta que no ha sido fácil el cambio porque “no estaba acostumbrada a trabajar y vivir en el campo”, pero se de la tierra y los cultivos. Hernández reconoce que el trabajo rural es difícil y que carece de prestaciones y garantías, cree que existen oportunidades valiosas para los jóvenes y se cuestiona cuál será el futuro del campo. Antes trabajaba en una fábrica de zapatos, hoy se dedica a aprender sobre el campo, mientras sus hijas están en la ciudad en búsqueda de oportunidades.
Entre el sueño urbano y las raíces rurales

Willy Esteban González Murcia, un joven de 15 años, resume el dilema de muchos adolescentes campesinos del sector. Actualmente cursa noveno grado y ayuda a sus padres en las labores agrícolas, pero ya planea migrar.Su permanencia en la vereda depende de las oportunidades que encuentre en el territorio. Su sueño es estudiar mecánica en Manizales o incluso en otro país, aunque no descarta la idea de regresar para trabajar la tierra en el futuro. Sus hermanas ya se fueron a vivir a Manizales y Medellín. Para Willy, la vida en el campo es valiosa, pero reconoce que no ofrece las mismas garantías de empleo ni opciones de estudio que la ciudad.
La tierra es su historia y su presente

Nelson García es un hombre del campo. Desde los 14 años empezó a trabajar la tierra y hasta la fecha sigue arando y cosechando. Vive en Santo Domingo donde trabaja sus cultivos en tierras alquiladas. “Yo no trabajo al jornal, yo tengo mis cultivos” . Él vive en Santo Domingo y hace 3 años trabaja en la finca donde tiene sus cultivos. Su familia vive en Villamaría, pero dice que él por allá no se amaña, “yo creo que yo por allá me enfermo”. Recuerda que, en el colegio, el cual no terminó, era muy “casposo”, y no lo hizo para dedicarse al campo, algo que ya no se ve, afirma Nelson.




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