La Institución Educativa San Pío X abrió sus puertas para el foro académico Experiencias Significativas con Enfoque STEAM+, un espacio de diálogo e innovación que reunió a docentes, estudiantes, universidades y entidades aliadas en torno a la educación del futuro. Bajo el lema “Sembrando ideas, cosechando aprendizajes con sentido”, la jornada buscó socializar los avances pedagógicos del colegio en ciencia, tecnología, arte y pensamiento crítico.
El evento contó con ponencias de expertos de la Universidad de Caldas, como la doctora Luna Herrera (“Humanos en el espejo de la máquina: pensar críticamente la inteligencia artificial”) y el ponente Víctor Hugo Zuluaga, quien abordó el uso responsable de las redes sociales.
Un modelo que despierta talentos
Desde hace año y medio, el San Pío X consolida el enfoque STEAM+ (ciencia, tecnología, ingeniería, arte y matemáticas) como eje de su proyecto pedagógico. A través de los Centros de Interés (espacios en los que los estudiantes trabajan en huerta, fotografía, cómic o inteligencia artificial) la comunidad educativa logra integrar el aprendizaje con la creatividad.
La rectora Delma Ospina García destaca que esta estrategia “ permite que los docentes vean la tecnología no como una amenaza, sino como una aliada del aprendizaje”. En la huerta escolar, por ejemplo, los jóvenes diseñan sistemas de riego automatizados, mientras otros experimentan con la fotografía como forma de expresión artística.“Lo más importante es que los estudiantes descubren sus talentos y construyen su proyecto de vida dentro del colegio”.

Educación para el siglo XXI
El foro también sirvió para reflexionar sobre los retos educativos contemporáneos. De acuerdo con el docente y magíster en pedagogía de la Universidad de Caldas,Cristian Camilo Restrepo, el enfoque STEAM+ “no solo forma competencias tecnológicas, sino que integra lo emocional, lo cultural y lo ético en el aprendizaje.”
Estas transformaciones concuerdan con la tendencia nacional: Según el Ministerio de Educación Nacional, más de 800 instituciones del país ya aplican metodologías STEAM para fortalecer las competencias científicas y creativas. La Unesco, por su parte, advierte que para 2030, el 80 % de los empleos emergentes requerirán habilidades relacionadas con estas áreas.
Impacto en la comuna y proyección

Además de las ponencias académicas, el foro incluyó la exposición de proyectos de los estudiantes y la clausura con el concurso de cuento corto de la comuna Tesorito.La rectora subrayó que el evento busca fortalecer el vínculo entre escuela y comunidad: “Queremos que las familias de Tesorito vean en el San Pío X un lugar donde sus hijos puedan desarrollar su potencial y estar protegidos del entorno callejero”.
Con este foro se siembra una semilla que seguirá floreciendo en las aulas, y que recuerda que aprender también puede ser una forma de transformar la vida y la comunidad.
La profesora que cultiva aprendizajes

Entre los salones del colegio San Pío X, en la Enea, un reducido terreno cubierto antes de basura comenzó a transformarse. Lo que era un espacio olvidado se convirtió, gracias a la iniciativa de la profesora Sandra Yaneth Giraldo, en una huerta donde los estudiantes siembran, observan y aprenden sobre la naturaleza.
La docente, licenciada en Biología y Química, vio en ese rincón del colegio una oportunidad pedagógica. “Los niños de la ciudad no conocen de dónde viene lo que consumen”, cuenta.
Al notar que sus alumnos no sabían diferenciar cómo se reproducen las plantas (si por semilla, bulbo o estaca), decidió crear un espacio donde el aprendizaje fuera una experiencia directa. Con el apoyo de la Secretaría de Agricultura y la orientación de una agrónoma, nació Ecolab, un centro de interés en el que los estudiantes se quedan voluntariamente, dos veces por semana, después de clase.
Allí, entre surcos y materas, los jóvenes siembran rábano, remolacha, zanahoria y cilantro. Cuidan su propio pedacito de tierra y descubren con asombro cómo una semilla germina o cómo un bulbo se transforma en flor. “Cuando ven que el rábano creció, dicen: ‘Me nació porque tengo buena mano’”. Es bonito ver cómo sienten orgullo de lo que logran”, explica la profesora.

Sin embargo, Ecolab va más allá del cultivo. Los estudiantes experimentan con los productos: hacen chips de remolacha, prueban tintes naturales o crean souvenirs con suculentas usando material reciclado. Incluso, algunos de los que participan en robótica intentan programar un sistema de riego automatizado. “La idea es que la huerta sea un laboratorio vivo, donde el estudiante aprenda haciendo y se mezclen distintas áreas del conocimiento”, dice Giraldo.
Actualmente, el grupo cuenta con entre 13 y 15 estudiantes de sexto a octavo grado. No hay notas, ni calificaciones: solo curiosidad y compromiso. “Están ahí porque quieren”, asegura.
Para la profesora, el trabajo en la huerta también tiene un sentido personal. “Es un espacio de relajación, donde uno recoge el fruto de ser maestro. Ver cómo se emocionan cuando cosechan o cuando encuentran un insecto que nunca habían visto, eso lo llena a uno”, afirma con una sonrisa.

Convencida de la importancia de la educación ambiental, Giraldo cree que estos espacios son esenciales para despertar sensibilidad y respeto por la naturaleza.
Aunque reconoce que los docentes enfrentan muchas exigencias académicas, insiste en que el verdadero cambio nace cuando las iniciativas se hacen por gusto y no por obligación.
“Que aprendan a querer las plantas y la naturaleza —dice—, eso para mí vale más que cualquier nota”.
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