Cada 20 de octubre se celebra el Día de las Escritoras, una fecha que busca visibilizar la voz de las mujeres en la literatura, reivindicar a las autoras olvidadas por la historia y reconocer el aporte femenino a la cultura y la palabra escrita.
En el programa El Matutino, conversamos con las escritoras caldenses Dorian Hoyos Parra y Adriana Villegas Botero, quienes compartieron sus reflexiones sobre la escritura, los desafíos de publicar y la importancia de recuperar la memoria literaria femenina en la región.
Dorian Hoyos: escribir como una forma de vivir los sentimientos
“Mi primer poema lo hice cuando tenía siete años. Siempre las mujeres han escrito, pero no eran muy escuchadas”.
Para Dorian Hoyos, la escritura ha sido una forma de existir en el mundo. Desde niña, la poesía le permitió poner en palabras lo que sentía y lo que apenas intuía. Recuerda que su primer poema lo escribió a los siete años, y que desde entonces descubrió que las mujeres siempre han escrito, aunque muchas veces no hayan sido escuchadas.
Su relación con la poesía nació del asombro y la curiosidad: en la adolescencia, escribió sobre el amor y el mar, dos experiencias que aún no conocía, pero que imaginaba intensamente. “Cuando finalmente conocí el mar, me di cuenta de que era muchísimo más grande de lo que pensaba”, cuenta, y lo mismo le ocurrió con el amor: una cosa era soñarlo y otra vivirlo. Esa revelación, dice, la acompañó para siempre: “Nos pasa con muchas cosas, a veces no dan la medida de lo que uno imaginaba”.
Hoyos también reflexiona sobre los retos que enfrentan las escritoras para publicar en Colombia. Explica que el mayor obstáculo no es la falta de talento, sino el costo de edición: “Hay mucha gente que escribe muy bien, pero no puede publicar”. Aun así, considera que la escritura femenina ha sido una constante en la historia, una forma de registrar la vida desde la sensibilidad. “Las mujeres hemos escrito, pintado y descrito nuestros entornos con amor, alegría y dificultad. El mundo en sentimientos sigue siendo igual; lo que cambia es la manera en que lo contamos”.
Adriana Villegas: rescatar la memoria de las escritoras del Gran Caldas
Desde otra mirada, Adriana Villegas Botero ha dedicado los últimos años a reconstruir la memoria literaria de las mujeres del Gran Caldas. Su proyecto, Mujeres escritoras del Gran Caldas, surge al notar una ausencia evidente: en los libros de historia de la literatura regional abundan los nombres de hombres, mientras que las mujeres aparecen apenas mencionadas.
Su investigación se ha convertido en un trabajo de “arqueología bibliográfica”, en el que rastrea textos, publicaciones y testimonios de escritoras que publicaron en prensa o cuyos manuscritos se perdieron en los incendios que afectaron a la región. Entre los nombres que ha recuperado se encuentra Natalia Ocampo de Sánchez, considerada la primera mujer en escribir una novela en Caldas, y Agripina, autora de Nelly, obra desaparecida de la que apenas quedan referencias.
Para Villegas, el Día de las Escritoras es también un recordatorio de la brecha que persiste en la literatura. “Que exista una fecha para celebrar a las escritoras y no a los escritores demuestra que todavía hay desigualdad”, reflexiona. Sin embargo, confía en que llegará un momento en el que ya no sea necesario hacer distinciones. Además, enfatiza que la literatura femenina es tan amplia y diversa como la masculina: no se limita al amor o la vida doméstica, sino que aborda la sociedad desde múltiples miradas. “Las mujeres no escribimos solo para mujeres —dice—, escribimos para el mundo”.
Una fecha para recordar y reivindicar
La conversación con Dorian Hoyos y Adriana Villegas dejó en evidencia que la literatura femenina en Caldas ha existido desde siempre, aunque muchas de sus voces hayan permanecido en silencio. Este Día de las Escritoras invita a reconocerlas, a leerlas y a entender que su palabra no solo narra lo íntimo, sino también lo colectivo.
En un mundo donde la historia literaria ha sido contada mayoritariamente por hombres, las escritoras siguen abriendo espacio desde la memoria, la emoción y la resistencia. Sus voces, como olas que llegan desde distintos tiempos, nos recuerdan que la literatura también se escribe con el corazón y con la fuerza de quienes se atrevieron a contar su propia versión del mundo.
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