Comuna Universitaria y Holocausto Norte:

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La sinfonía que transforma vidas en Manizales

 Por: Valentina Gómez Saldarriaga.

Estadio Palogrande, Unidad Deportiva Palogrande, Cancha Auxiliar Luis Fernando Montoya. Desde las seis de la tarde de cada jueves, las gradas resuenan con una energía particular. Pero no son de un partido de fútbol, sino de la pasión que impulsa al Instrumental HNZ11. El corazón rítmico de la barra Holocausto Norte Zona 11. Bombos, trompetas, zurdos, tambores, camisetas del Once Caldas, risas y amor puro por el blanco de Manizales. Ese es el escenario que vive el Instrumental cada jueves en sus ensayos. Allí, la agrupación está en asociación con la Casa de Cultura de la Comuna Universitaria y con la Fundación Voces de Aliento. 

El Once Caldas es parte fundamental de la esencia de la ciudad. Son el centro de cada manizaleño que alienta a su equipo del alma todos los días. Pero es importante recalcar que en este equipo, no son solo 11 jugadores los que salen a la cancha. Su jugador número 12; son su hinchada, su gente, su motivación. 

En esas gradas, debajo de las luces brillantes del lugar, se oye la sinfonía de la hinchada. Valeria González Vásquez, es la líder de la Instrumental, del grupo base y del semillero de percusión. Pertenece al Instrumental hace 14 años, supervisa cada golpe, cada compás de los cánticos que acompañan en cada partido al equipo. Su figura amigable, pero imponente, se mueve entre redoblantes y platillos, corrigiendo, animando, tocando y transmitiendo la esencia de lo que significa ser parte de Holocausto Norte.  

“Como principio general de la barra es que aquí puede llegar cualquier persona, de cualquier barrio; el único requisito es que le guste el Once, que ame el Once como nosotros” expresó Gonzáles. Menciona también que es importante que las personas que se unan al instrumental y al taller, deben de pertenecer a un “parche” de la barra, para así poder generar un ambiente mas organizado. 

El instrumental y su gente.

Mucha gente, que es externa al tema de todo lo que tiene que ver con la barra; los estigmatizan, pueden llegar a asegurar que estar ahí solo los va a llevar a un mal camino. Pero muchas personas no piensan es que todos las personas que están allí, son para demostrar su amor por su equipo, por el deporte, y para mostrar esas ganas de aprender. 

Sebastián Pérez, estudiante de ingeniería química en la Universidad Nacional, redoblante, bandolista y amante a morir del Once Caldas, tuvo una motivación clara para unirse a la barra: desmontar esa visión que la gente tiene sobre las barras bravas. Él quería demostrar que no son solo violentas o dedicadas al consumo, sino que también hacen crecer a sus integrantes como personas. “He sido bandolista, entonces tengo como ese gusto por la música; y me gustó unir esa pasión que tengo por la música con mi pasión por el Once”, mencionó el joven de 17 años. 

Siempre es duro ser nuevo en un lugar y en un grupo de personas que ya tienen su historia constituida. Santiago Franco, tiene 17 años, estudia inglés y lleva aproximadamente un año en la Instrumental. Franco llegó tocando el bombo, el zurdo y el platillo que acompaña la melodía de los bombos. Santiago creció con su padre, un hincha incondicional del Blanco, y de ahí heredó su pasión.

Cuando el año pasado tomó la decisión de integrarse a la barra y al Instrumental, su papá lo apoyó incondicionalmente. Su mamá también lo hizo, aunque inicialmente tenía el tabú de que las barras de fútbol solo llevan a vicios y malas compañías. Sin embargo, fue dejando esa idea de lado al ver la felicidad de su hijo estando dentro de la tribuna norte en el Palogrande. Santiago expresó: “Ver un estadio completo, cantando y saltando al ritmo que uno toca es gratificante”. 

Como estos jóvenes, existen miles de personas que tienen la música como bandera y el Once Caldas como himno, todos ellos demuestran que una barra es mucho más que un grupo de personas que van al estadio a animar a su equipo. Es una escuela de vida, un espacio donde la pasión por el fútbol se entrelaza con el crecimiento personal, la disciplina y el compromiso social. En cada ensayo, en cada toque de bombo o trompeta, el Instrumental HNZ11 no solo afina ritmos, sino que fortalece lazos, rompe con prejuicios y construye un futuro donde la tribuna es un espacio de esperanza, un lugar donde el jugador número 12, la hinchada, es el verdadero motor que impulsa los sueños de Manizales y del Once Caldas.

 

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