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UMCENTRAL > Blog > Cultura > Chirrincheros: bebedores de alcohol antiséptico
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Chirrincheros: bebedores de alcohol antiséptico

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Última actualización: 10 de marzo de 2026 13:30
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Publicado: 22 de marzo de 2023
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Texto y foto por: Catalina Alzate Quintero

El corazón del barrio San José deja de ser parque y se convierte en nido, obra de los chirrincheros que reúnen vasos tinteros, embudos de papel, copas de aguardiente y botellas de alcohol… etílico, por supuesto. Hoy es solo una zona cuyo verde contrasta con el gris del pavimento donde los borrachos pasan los días viviendo su libertad y esperando la muerte provocada por el chirrinchi.

“¿Cómo vamos a sonreír, si ni dientes tenemos?”, eso es lo que se escucha cuando los chirrincheros posan para una foto. Aunque no siempre son serios, en los parques se les ve sonreír a menudo.

Mientras el sol se asoma, los chirincheros deambulan por ahí llevando el guayabo que deja la noche anterior. Desde las 6:00 a.m., se les ve caminando nuevamente con su botella de alcohol al 70% de concentración. Mezclan el trago con refrescos como Frutiño y Tang, gaseosas, leche, saborizantes, colorantes o sólo con agua sucia de la fuente del barrio. También lo beben solo, etanol puro.

El viento frío golpea los vasos de colores contra las mesas de cemento mientras Didier Jesús Agudelo posa sonriente y feliz sobre un muro. Suavemente saca de su abrigo peludo una botella de alcohol antiséptico con tapa roja, a la que llama ́la cantinita ́ y le pone gaseosa. “Le digo así porque con ella me emborracho, cuando se me acaba pues voy, compro otra y listo, siempre está abierta para mí”. Suele acostarse y levantarse con el mismo envase.

Le dicen ́Caldo e ́ pollo ́ y tiene 66, pero habla como un pelao de 15, riéndose y contando la vida. Debajo de su abrigo se logra ver una camisa beige y en su cabeza una destacada boina de cuadros. Adorna sus manos un anillo con un demonio de cuernos largos, lo que para él significa la muerte, la que lleva esperando varios años.

En el vaso de chirrinchi

Didier toma un trago de su cantina, hace una burla, y empieza a hablar de los estratos de los chirrincheros para tomar. El tres son los “finos” y tienen sus propias copas aguardienteras. Compran el alcohol envasado en garrafas de trago reconocido y lo mezclan con Tang o gaseosa. Cuesta entre $4500 y $2500. “A veces es duro conseguir esa platica”, se escucha por ahí. Los de estrato dos beben su alcohol en botellas plásticas y mezclan con saborizantes o agua oxigenada. Los de estrato uno consumen etanol con agua sucia y estancada de las fuentes con residuos de sus propias heces, aunque en ocasiones compran colorantes de comida, “tintas”. Lo toman en botellas de dos litros o más, con turnos para beber. A veces tienen vasos desechables para cada uno. Esto cuesta entre $500 y $1000 por persona.

La tarde se torna gris. A las 3:00 p.m. las tiendas del barrio ya han vendido unas cuantas botellas y siguen pendientes a las ventas del día. Ponen música; esa que motiva a los chirrincheros a desdoblar sus

cuerpos del piso, a caminar, comer, beber, charlar y pelear. También se les ve jugar con dados sin saber exactamente a qué, y algunos, consumir cigarrillo, pegante y bazuco.

Los chirrincheros no tienen freno y consiguen su bebida por cualquier medio: farmacias, tiendas y supermercados, sin importar los efectos adversos y a veces letales. Empezando el primer semestre del 2015 capturaron a Cesáreo, dueño de la tienda El Paisaje la cual desmantelaron y donde hallaron una improvisada y clandestina fábrica destinada a la producción y distribución de licor adulterado, varias botellas de alcohol listas para ser envasadas, tapas de colores, como las que se ven tiradas en el parque, embudos y galones. Esta tienda estaba ubicada en la carrera 14 con calle 25, cerca de la plaza de mercado y era frecuentada por chirrinchos finos del barrio San José.

La licenciada en química, Yadira del Socorro Romero, asegura que: “el alcohol afecta todas las células del cuerpo y provoca problemas en el hígado (cirrosis hepática), páncreas, estómago; causa cáncer, anemia y pérdida de la memoria. Cuando se consume puro, los síntomas son respiración irregular, piel azulada o pálida, temperatura corporal baja y pérdida del conocimiento. La dosis tóxica de alcohol etílico puro es de 50 a 100 mililitros, y mayor a esta es considerada potencialmente mortal”.

En 2016, según vecinos del barrio y Caracol Radio, fue el año en que más chirrincheros murieron en Manizales. Tan solo en marzo fallecieron cinco personas por infartos, como consecuencia del consumo de chirrinchi.

Vaso medio lleno, vaso medio vacío

Mientras Caldo e ́ pollo se mueve de lado a lado, sus ojos se ponen vidriosos. Sin embargo, para y empieza una historia. Tiene tres hijos y siete nietos, vive en el barrio donde ha estado toda su vida. “Duermo en las calles”. Fue militar, pero ahora sus jornadas son dedicadas al alcohol y a cambiar repuestos en un almacén del parque Liborio donde trabaja.

Dice que no se cambia de ropa por su miedo al chorro de agua, pero asegura que tiene jabón, varias camisas y tres boinas que le combinan las pintas. Prefiere no tomar con otros ya que algunos son peleones y groseros. Suele estar en una esquina del parque para evitar problemas. Tiene su propio bar y no lo comparte con nadie. Diariamente pelean entre ellos, discuten por las botellas, por quién toma más y por quién sostiene el trago.

El reloj ya marca las 5 de la tarde y el contenido de las botellas ha bajado significativamente. Dos chirrinchos borrachos pasan por una de las esquinas del parque, a duras penas caminan medio cogidos de los brazos. Uno de ellos se cae y se golpea la cabeza, el otro ve e inmediatamente se marcha. “Este si no es amigo de nadie, a todos los tiene a su suerte, ¡mal amigo!”- “se nota que no lo quiere”- “vamos”, susurran en un grupito de siete chirrincheros cercanos mientras, otros tres sentados en una mesa, tratan de pasar su borrachera, con cascos de naranja en sus manos y otros con vasos de tinto de $200.

Al otro lado del parque hay una pareja con una botella de Pepsi y en su interior una bebida morada. Dos copas de aguardiente acompañan sus conversaciones incoherentes. “Uy papacito, tiene esa boca morada, ¡qué rico!” a lo que el hombre responde: “Yo que salgo y lo atrapo, usted sabe que yo fui atleta”, la mujer se enoja porque no respondieron a su piropo, frunce el ceño y toma un trago. El tipo se le acerca y susurra algo; ella sonriendo se para y en voz alta expresa: “Vamos pues, pero me paga por adelantado, esta vez no se me hace el bobo porque usted nunca me da la plata” y caminan esquina abajo.

La cena está servida

Sentado al borde de la fuente, con una botella de H2O y un vaso desechable está don José, de poco pelo, ojos rojos y uñas negras, con saco azul, pantalón verde y tenis negros. Mueve sus piernas de atrás hacia delante, sus cejas de arriba y abajo sin parar, arruga su frente y mira a todos lados una y otra vez.

A las 5:55 p.m. empieza a mirar su reloj cada minuto hasta las 6:00 p.m. Se pone de pie y camina hacia las afueras de la iglesia donde empieza a formarse una fila. A las 6:15 hay unas 30 personas. Sale el padre Juan Carlos Ángel Ortiz y todos reciben comida, incluso los chirrincheros. Sorpresivamente, la pareja llega a tiempo para la cena.

Es tarea diaria de este padre del barrio San José abrir las puertas de su templo a las seis para alimentar a los habitantes de la calle. Los chirrincheros hacen la fila. “Comen, dejan el plato y vuelven y se meten en la cola, así hasta tres veces”, dice una vecina que ve lo que pasa. José dice emocionado: “Uno con hambre recibe lo que sea y agradece lo que sea”.

Ya llenos y con sus botellas a ras de fondo, empiezan a ubicarse en las esquinas, debajo de los árboles y techos. Ya están muy ebrios. Sin embargo, los hombres cuidan a las mujeres, las acuestan y cubren con sábanas que guardan en costales. Usan sus bolsos como almohadas y ahí las dejan, mientras ellos siguen sus conversaciones incoherentes.

8:34 p.m. se ve un último chirrinchero caminando, aguantando su borrachera. Sin control de su cuerpo avanza unos pasos hacia las escaleras, tira su bolso, tiende un costal, guarda el cuncho de chirrinche que le queda y cae bruscamente al suelo. Así hasta que el sol aparezca de nuevo.

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