Por: Jhajaira Velásquez Marulanda
Ya finaliza la gira de los candidatos al Congreso por parte del Centro Democrático en el norte de Caldas. En las tarimas de cada municipio resuena la frase “Antes de meter las patas, pónganse las medias”. Dice un señor de cabellera plateada, rasgos fuertes y un metro ochenta de estatura. Con la expresión se refiere a las medias que están regalando con el logo de su partido. Para que la gente apoye “a escondidas” el día de las elecciones del 8 de marzo. Hablamos de Camilo Gaviria Gutiérrez. Uno de esos paisas bien paisas, de los que les sisea la boca al hablar y que van hasta el final con Álvaro Uribe.

A Camilo le gusta leer sobre economía, crecimiento personal, novelas históricas y temas empresariales.
Gaviria es empresario, padre y político, esto último, más que por gusto, hace parte de un compromiso con su historia. Es hijo de Adriana Gutiérrez, exsenadora y excandidata a la Alcaldía de Manizales. Ella es, además, fundadora y miembro del directorio departamental y nacional del Centro Democrático. Palabras más, palabras menos, es una de las cabezas del uribismo en Caldas.
Pero eso no es todo: su padre fue Fortunato Gaviria Botero. Si nos remitimos a la Radiografía del Poder en Colombia de David Martín de la Fuente. Encontramos que este era primo del expresidente César Gaviria y que además fue gobernador de Caldas en los años 80 y viceministro de Educación.
Cuando el hijo de la política tenía 11 años, el Cartel de Medellín mató a su papá. Y, la estabilidad de su familia se perdió. Dice que ese vil asesinato lo obligó a crecer de golpe y que lidió etapas tempranas de su vida con odio. Aunque ya no definan su vida: “Tuve que perdonar, perdonar para soltar”.
Hoy es candidato al Senado, anda con paso firme, muy erguido y con un porte que hace notar que lidera entre sus colegas. Es más, si usted entrecierra un poco los ojos al escucharlo hablar, verá al mismísimo Álvaro Uribe, aunque mucho más alto. Por sus conexiones y experiencia empresarial hay muchos que lo describen como la futura cara de su partido y él no es ajeno a eso, él lo sabe.
Su vida y familia, su polo a tierra y motor
Su infancia tiene olor a tierra húmeda y al sonido del ganado al amanecer, una realidad no muy diferente a la actual. Se crió entre el campo y la ciudad. En vacaciones acompañaba a su padre en la finca. Allí dice que aprendió que el trabajo no es un castigo sino una forma de dignidad. Que detrás de cada trabajador hay una familia y que el país profundo existe más allá del discurso.

Camilo tiene hectáreas dedicadas a la siembra de limón que maneja junto a su esposa, Natalia.
En su juventud fue buen hijo, buen estudiante, sobre todo en matemáticas y llegó a ser personero del colegio Granadino. Pero tenía una verdadera pasión por los deportes, el fútbol y el tenis principalmente, aunque ya no puede practicarlos como quisiera, pues acarrea una lesión en su brazo que lo alejó de las canchas, esto lo comenta con lástima, pero sin mucho arrepentimiento. Pues sigue encontrando en su empresa Packing Parnaso S.A.S otra pasión y motivación muy grande.
Mientras cursaba su carrera universitaria de ingeniería agroindustrial en la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín tuvo un emprendimiento de la franquicia Dogger y, según su esposa, era, cuando menos, un estudiante ejemplar. Su esposa es Natalia Jaramillo, abogada, trabaja en Telecomunicaciones y es la encargada de las 4 hectáreas de limón que tienen en La Cabaña, cerca a su finca. La conoció hace 24 años durante una exposición equina en Manizales, tuvieron una relación a distancia al principio, pues él vivía en Medellín.
Gaviria Gutiérrez y su equipo hablan de Natalia distinto a como se suelen referir a las esposas de otros políticos. La llaman el “polo a tierra de Camilo”. Ella, además de ser un gran apoyo emocional para el candidato del Centro Democrático, suele interceder en sus ideas de campaña: “a veces las mujeres de los políticos van y le dan picos a los niños y reparten regalos y ya. Nosotros a veces llegamos tarde y tenemos la cabeza estallada porque ya no sabemos qué más inventarnos para hacer algo, pero nos ponemos a hablar con ella y nos aterriza”, comenta Irene Zuluaga, una joven abogada que acompaña a Camilo en campaña y a quien conoce de hace años, pues su madre es una vieja amiga Adriana Gutiérrez

En su empresa, Packing Parnaso, tiene 350 trabajadores de las cuales el 60% son mujeres.
Con Natalia tuvo a su única hija, Sara, de 12 años. Gaviria dice que es su adoración: le leía cuentos de pequeña y la mima cada que puede.
Natalia y Sara admiran a Camilo y su carrera política, pero lo único que piden es que no le vaya a pasar algo como lo que le pasó a su papá o más recientemente a Miguel Uribe: “Ella me dijo: papá, prométeme que no te va a pasar nada. Y yo guardé silencio”. Gaviria hoy no tiene esquema de seguridad, ya que desde Bogotá ven suficiente relevancia para que tenga uno, pese a su historia
El delfín
A Camilo Gaviria Gutiérrez varios medios como La Silla Silla Vacía y Canal 1, lo definen como uno de los delfines del uribismo, es decir, el heredero o el que sigue. A pesar de que casi toda su vida trabajó en el sector privado, en 2019 fue coordinador de campaña para Iván Duque y a partir de ahí crecieron sus ambiciones políticas.
Esta misma relación con Iván Duque le ha valido críticas porque detractores e incluso colegas de su partido piensan que tiene muchas similitudes en perfil y forma de actuar de este expresidente, sobre todo haciendo énfasis en la falta de burocracia. Añadido a la poca experiencia política, pues solo cuenta con un periodo en la Asamblea de Caldas y perdió cuando se lanzó a la gobernación de Caldas. “La única campaña que he ganado hasta ahora es la de colegio”, comenta Gaviria y se ríe.
Visto desde afuera
Por otro lado, ha declarado en reiteradas ocasiones su intención de alejar la política de las prácticas tradicionales, lo cual contrasta con sus alianzas cuestionables con Mario Castaño y el “daño” que le ocasionó al proyecto de Aerocafé. Así opina Bruno Seidel Arango, empresario y político manizaleño, exgerente de la Licorera de Caldas, exgerente de la concesión Pacífico 3 y ahora Candidato a la Cámara de Representantes por el partido Salvación Nacional.
“Con el mayor de los respetos creo que la alianza que hizo con el liberalismo fue horrible y muy costosa”, dice Seidel Arango. Además, el hoy candidato agrega que aunque le gusta que sea una persona fuerte en sus convicciones, cuando traslada esa fuerza a comunicarse con sus grupos de interés comete errores.
Sin embargo, el candidato de Salvación Nacional, y no hace mucho parte del Centro Democrático, considera que Gaviria tiene el conocimiento técnico para hacer parte del Senado a pesar de que muchos puedan decir que sus lazos de sangre son los que lo pusieron donde está hoy.
Sus aspiraciones
Su visión empresarial enfrenta la coyuntura actual que atraviesa Colombia. Reconoce la tensión que existe entre la inflación y los aumentos salariales. No evade la crítica cuando considera que hay decisiones del gobierno Petro que afectan el sector empresarial e insiste en que las empresas deben resistir: “El salario tiene unas complicaciones fregadas para todo. Y hay unas mentiras grandes que está narrando el gobierno y sus congresistas”. El hijo de Adriana y Fortunato dice entender que crecer no es solo expandirse individualmente sino integrar al campesino a una cadena de valor más competitiva, amplia y formal.
Antes de continuar con sus labores de campaña y de seguir pendiente de su empresa, Camilo se para con su talante campesino y antes de despedirse suelta esta frase:
Sin duda es mejor ser el hijo de Fortunato Gaviria que de los que asesinaron a mi papá”.
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