Consumo de modafinilo y metilfenidato en estudiantes de medicina 

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Texto y fotos por: Alejandro Jaramillo

“La segunda vez que usé este medicamento, decidí tomar una pasta en la mañana y una en la noche. Como resultado, estuve despierta más de 36 horas y no me sentía cansada en absoluto”, afirmó Ana Lucía, estudiante de quinto semestre en la Universidad de Caldas, refiriéndose a su experiencia con el modafinilo, un medicamento popular entre estudiantes que se usa como ayuda para estar despierto durante más tiempo.

Este medicamento es, según la Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos, usado para tratar la somnolencia excesiva causada por narcolepsia, una condición médica que provoca exceso de sueño durante el día; o para trastornos de sueño por turnos de trabajo, que afecta principalmente a personas que laboran de noche y deben dormir de día. Sin embargo, su uso es cotidiano para los estudiantes de medicina, quienes lo utilizan como ayuda para largas jornadas de estudio.

Un médico es quien debe definir el fármaco y su dosis, de lo contrario, puede haber consecuencias perjudiciales.

Debe adquirirse con prescripción de un especialista, ya que se receta para casos específicos y puede tener efectos secundarios leves como dolor de cabeza, sed excesiva, diarrea, confusión, temblores incontrolables en partes del cuerpo o dificultad para ver. También efectos secundarios graves como dificultad para respirar, ansiedad, pensamientos suicidas o autodestructivos o dolor en el pecho. A pesar de esto, conseguir este fármaco no es tarea difícil, ya que funciona como de venta libre, aunque con una pregunta en el medio: “¿Para qué lo necesita?”.

Ana Lucía lo consume desde finales de 2022 cada que tiene épocas de parciales. “Lo hice en tres materias ese semestre: Patología, Semiología General y Micología; y este semestre lo he hecho en Epidemiología y Semiología Cardiovascular. Consumir este fármaco no depende casi de la dificultad del examen, sino más bien de si tengo poco tiempo para estudiar o si los exámenes están muy juntos”. Toma

una pasta de 100 miligramos la noche antes del examen, a eso de las 6 o 7 pm de la noche, y tarda unos 45 minutos en hacer efecto, momento en el que, si bien se siente muy despierta, le es imposible concentrarse, por lo que debe esperar otra hora aproximadamente. Así, sin un solo minuto de sueño, pero con dolores en la cabeza, cuello y pantorrillas, estudia hasta la hora del examen del siguiente día.

Las pastas se comercializan en empaques de tres y diez unidades. Ana compra el paquete de tres unidades en Drogas La Rebaja por unos $ 40.000.

Ella recuerda que la segunda vez que usó el medicamento, tomó dos dosis de 100 miligramos: una en la mañana y una en la noche. Estuvo despierta más de 36 horas. “No me sentí cansada en ningún momento. Ya al finalizar el efecto de las dosis, me sentía exageradamente cansada, me dolía todo el cuerpo como si estuviera enferma y me sentía muy irritable, todo me daba mal genio”.

¡Atención!

El metilfenidato también lo usan con fines académicos, además de su objetivo primario que es para combatir la somnolencia excesiva, se receta para pacientes con trastorno de déficit de atención con hiperactividad (TDAH).

Esteban se graduó como médico de la Universidad de Caldas en 2020. Conoció el metilfenidato en sexto semestre ya que varios de sus amigos lo utilizaban para estudiar mejor y disminuir la necesidad de sueño. Sin embargo, su rendimiento académico siempre fue bueno y nunca tuvo que utilizar esta ayuda que ya había aparecido en su radar. Fue después de graduarse que consideró usar este fármaco, ya que estaba interesado en especializarse en medicina interna. “Estaba estudiando a la par que trabajaba. A veces era un poco agotador, porque llegaba a casa después de turnos de 12 o, incluso, 14 horas a intentar estudiar pero estaba completamente agotado, no me concentraba o me dormía fácilmente”, mencionó.

Según la Bilioteca Nacional de Medicina, el metilfenitado sí puede llegar a ser adictivo si la dosis empieza a ser mayor o se toma con más frecuencia.

Fue así como recurrió al medicamento que tanto había escuchado de parte de sus compañeros un par de años atrás. Para el examen de residencia debía estudiar básicamente todo lo visto en la carrera, así que, seis meses antes del examen, empezó a tomar 10 miligramos de metilfenidato 30 minutos antes de estudiar: “No se siente un cambio drástico, como si se pensara en un psicoactivo pero al empezar con la lectura, los periodos de concentración aumentan, la necesidad de sueño disminuye, se procesa mucha más información en menor cantidad de tiempo”, expresó el médico.

Conforme pasaban los días y se acercaba la fecha del examen, sus metas de aprendizaje eran cada vez más altas, al igual que las dosis del medicamento. Su ambición por aprender y prepararse para el examen nublaron por completo su capacidad de sentirse agotado y tomar un alto en el camino. Fue así como, dos meses después de ir subiendo cada vez más la dosis y de tener jornadas de estudio intensas, Esteban fue hospitalizado por pérdida de visión en su ojo derecho.

Los resultados de los exámenes médicos no fueron favorables y revelaron que tenía inflamado el nervio. “La única causa probable fue el exceso de trabajo cerebral y reacción adversa del medicamento, ya que me per- mitía estar activo 22 de las 24 horas del día”, afirmó Quintero, quien, además, añadió que eso hizo que suspendiera por completo el consumo del fármaco. No logró pasar su examen de residencia. “Desde ahí pongo primero cuidar mi salud, luego lo demás”.

¿Ayuda o riesgo?

El psiquiatra Felipe Agudelo Hernández recalca la importancia de que estos medicamentos sean prescritos por un especialista: “Dentro de esta prescripción, los médicos consideran un montón de factores que hacen que el riesgo sea menor. Eso se logra al conocer los antecedentes médicos, antecedentes personales y un examen físico completo. Aunque estos medicamentos no generan dependencia o algún problema, sí pueden tener efectos adversos graves en algunas personas con condiciones que solo se conocen cuando consultan”, explicó. Asegura, además, que es muy preocupante que sean de uso libre.

Si bien Agudelo aclara los riesgos del abuso de estos fármacos, añade que, para él, el problema real es la conducta de hiperproductividad que tiene la sociedad. “Estamos exigiendo a nuestros jóvenes y estudiantes a no dormir, a forzar el cerebro para lograr determinado rendimiento. Esto no es nada ético. Es importante que los jóvenes se detengan a pensar o, incluso, a descansar”, concluyó.

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